Desde la azotea de la icónica Casa Ronald, ahora reconvertida en el bar Rooftop Fugaz, hay panorámicas del Callao en todas direcciones, a un lado la ciudad histórica, a otro la fortaleza del Real Felipe y de fondo la bahía que sigue siendo uno de los puertos comerciales más activos de América Latina, con decenas de buques anclados en la lontananza. “Ahora este es un sitio seguro, incluso de noche”, dice Mara, una de las responsables de este pequeño milagro en una de las zonas con mayor delincuencia de Perú.Seguir leyendo...