La Liga de Campeones ya no es una obsesión para el cuadro parisino, pero ahora la discusión es si su historia alcanza para considerarlo un grande del viejo continente.Los jugadores de PSG durante la celebración de su segunda Liga de Campeones.FRANCK FIFE / POOLLa victoria del Paris Saint-Germain sobre Arsenal en la final de la Champions League disputada en Budapest dejó una pregunta inevitable en el fútbol europeo: ¿ya puede considerarse el club parisino un grande del continente? El equipo francés conquistó su segunda orejona y consolidó un dominio que hace apenas unos años parecía una obsesión imposible de alcanzar.El logro es enorme, pues no son muchos los clubes que han ganado la Champions dos veces y muchos menos los que lo han hecho de manera consecutiva.

De hecho, apenas un reducido grupo de instituciones puede presumir de al menos dos títulos europeos. Entre ellas aparecen Nottingham Forest, Benfica, Juventus, Porto y ahora también el cuadro parisino.No obstante, la grandeza europea nunca ha sido una cuestión exclusivamente matemática.

Ganar dos Ligas de Campeones es suficiente para abandonar definitivamente la categoría de los equipos sin tanta tradición en el continente, pero no necesariamente para ingresar al grupo de los gigantes históricos, como el caso de Juventus, que aunque tiene los mismos títulos, cuenta con nueve finales en su haber. Ver esta publicación en Instagram Una publicación compartida de Paris Saint-Germain (@psg) Allí es donde aparece el debate que divide a aficionados, analistas y exjugadores.

Los defensores de la tradición sostienen que la grandeza se construye durante generaciones. Clubes como el Real Madrid, Liverpool, Bayern Múnich o AC Milan no solo acumularon títulos, sino que lo hicieron en épocas diferentes, dejando marcas en los aficionados de distintas edades y contextos.El PSG sigue cargando asimismo con una narrativa que lo acompaña desde la llegada de la inversión catarí a inicios de la década de 2010.

Para muchos observadores continúa siendo un “club-estado”, un proyecto impulsado por recursos prácticamente ilimitados que alteró el mercado de fichajes europeo.Aunque la crítica ha estado opacada luego de los éxitos recientes, sigue presente cuando se compara al conjunto parisino con las grandes instituciones históricas del continente. No podemos ignorar que hace poco más de una década ni siquiera se le consideraba un grande dentro de su propio país y que antes de los petrodólares apenas contaba con dos títulos de liga en su palmarés.Nasser Al-Khelaifi. presidente del PSG, levanta el trofeo de la Liga de Campeones.FIRAS ABDULLAHLo cierto es que durante años el club persiguió obsesivamente la gloria europea.

Ganar la Ligue 1 dejó de ser una medida de éxito porque el dominio doméstico se volvió rutinario. PSG conquistó 12 de las últimas 15 ediciones del campeonato francés y convirtió el torneo local en una obligación más que en un desafío.

La verdadera meta siempre fue Europa.Esa búsqueda estuvo llena de frustraciones. La oportunidad más cercana antes del éxito llegó en la temporada 2019/2020, cuando alcanzó la final de la Champions.

Aquella noche, el Bayern Múnich frustró el sueño parisino. No obstante, el golpe no significó el final del proyecto.

En la temporada 2024/25 el equipo parisino aplastó 5-0 al Inter de Milán en su primera final ganada y este sábado volvió a coronarse como rey de Europa al derrotar al Arsenal en la definición desde el punto penalti.Del once titular que conquistó la Champions la temporada pasada al que levantó el trofeo este fin de semana apenas hubo una modificación: el portero —Matvey Safonov se consolidó como titular ante la salida de Gianluigi Donnarumma—. Los otros diez futbolistas repitieron.

La base construida por Luis Enrique se mantiene intacta y demuestra que el éxito no fue producto de una campaña aislada. Ver esta publicación en Instagram Una publicación compartida de Paris Saint-Germain (@psg) Hay una paradoja que el fútbol tardará en digerir, y es que PSG conquistó sus dos Champions después de perder al mejor jugador de su historia.

Kylian Mbappé se marchó al Real Madrid a mediados de 2024 y, lejos de hundir el proyecto, su salida pareció liberarlo. Lo que durante años se vendió como una fortaleza —tener al futbolista más desequilibrante del mundo— resultó ser también una limitación.Sin Mbappé, París dejó de ser un equipo construido alrededor de una estrella para convertirse en un colectivo de luminarias que juegan para el equipo.

Ousmane Dembélé, Kvicha Kvaratskhelia y Vitinha brillan con luz propia, pero ninguno eclipsa al resto. Administrar ese vestuario sin que los egos fragmenten el grupo es, en sí mismo, un mérito gigante de Luis Enrique.

Ver esta publicación en Instagram Una publicación compartida de La SEDE (@lasede_ee) El técnico español también merece un párrafo aparte. Con esta conquista llegó a tres títulos de Champions League como entrenador —ganó otro con Barcelona en 2015— y reforzó su condición de referente moderno de la competición.

Más allá de los nombres propios, logró construir un equipo reconocible, competitivo y sostenible, algo que durante años había sido una deuda pendiente en la Ciudad Luz pese a la llegada constante de estrellas.Entonces, ¿es PSG un grande de Europa? La respuesta depende de la definición que se utilice.

Si la discusión se basa en resultados, influencia contemporánea y capacidad competitiva, el club ya pertenece a la élite. Si la vara incluye tradición centenaria, respeto unánime y décadas de protagonismo continental, todavía le falta recorrido.Siga a la nueva versión digital de la sección deportiva de El Espectador.El Espectador🚴🏻⚽🏀 ¿Lo último en deportes?

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