Debe ser muy difícil explicar qué significa el efecto invernadero. Si no, es poco entendible lo que sucede: el innumerable y creciente argumentario que cada vez nos confunde y aleja más de la búsqueda de soluciones viables.

Si es que todavía las hay. Nos juzgarán las próximas generaciones.

El calentamiento global es un triple proceso: químico, ya que la quema de combustibles fósiles produce dióxido de carbono; físico, pues dicho gas tiene la propiedad de producir un efecto invernadero que retiene el calor, y matemático, como describe nítidamente la curva de Keeling, que todos los gobernantes deberían tener en su mesa y entender adecuadamente, y que mide el incesante crecimiento de los niveles de este gas. El resto de consideraciones sociales, económicas, políticas, ideológicas, etcétera, son perfectamente comprensibles, discutibles y argumentables.

Pero no pueden ocultar la triple base del problema reduciéndolo a una discusión polarizante, culpabilizante y estéril. En la difícil búsqueda de soluciones, me aferro a la increíble capacidad creativa del ser humano, su demostrada genialidad y su maravillosa capacidad de cuidar de sus descendientes.Seguir leyendo