Se vino "Cositas", un viaje a los orígenes de la etnomicología

SANTA FE.— Benoît Coquil nació en la península montañosa de Bretaña, en Francia, hace 37 años. Se graduó en la École Normale Supérieure de Lyon, y se desempeña como profesor asociado de español y profesor de Civilización y Literatura Latinoamericanas en la Universidad de Picardía.
Su bibliografía está compuesta por un ensayo literario, “Buenos Aires n’existe pas” (2021), y la novela “Cositas” (Seix Barral, 2026). Este año regresó al continente americano para presentar su última obra en la Feria del Libro de Buenos Aires y la Feria del Libro de Bogotá, entre otros espacios.
Con motivo de la visita, el escritor dialogó con El Litoral. Ícono pop Cuando un artista está a punto de presentar una novedad no es raro que diga: Se vienen cositas.
Últimamente, más como humorada del recurso gastado, insulso. “Cositas”, como se titula el libro que motiva este encuentro, es una de las formas que María Sabina eligió para designar a los hongos, entre varios otros nombres muy cariñosos. “Para ella nunca fueron hongos, fueron seres vivos. Y tiene una relación muy llamativa con ellos, casi maternal.
Habla de Angelitos, Pequeños Santos, Cositas”, cuenta Benoît, quien se enteró de la existencia de la chamana de una forma muy particular. El descubrimiento del universo fúngico, la fascinación, vino de un viaje por el sur de México.
Luego, la obsesión corrió rauda por las venas de Benoît de camino a Francia: así llegó a los Wasson y a una fuente inagotable de información que lo superó. Pero volvamos a América.
El joven escritor paseaba por un mercado de Oaxaca hasta que llegó a un puesto de ropa. Se quedó mirando una remera para turistas.
Ahí estaba, impresa en una remera entre los rostros de Frida Kahlo, el subcomandante Marcos y el Che, María Sabina. Era la única cara que el joven francés desconocía.
Debajo de la foto, una leyenda: “María Sabina, sacerdotisa de los hongos mágicos”. -La encontraste como un ícono pop. -Sí. Lo cual dice mucho de la occidentalización de su figura y sus prácticas rituales.
Está transformada en un objeto en venta. Muy flâneur “Cositas” está estructurado en base a una red subterránea compuesta por filamentos microscópicos que intercomunican las raíces de los capítulos.
Así como lo hace el micelio -bautizado pedagógicamente “la Internet de los hongos”-. En un pasaje del libro en el que se revela prístino el cruce entre novela de aventuras, ensayo e historia cultural, la voz poética deja estampado un neologismo: micelizar. “Me parece que lo inventó el traductor… No me acuerdo cómo es en francés”, recuerda entre risas el narrador.
El título del libro en francés es “Petites choses”. La traducción, como se ve, es transparente.
Pero antes de que se afinque el nombre definitivo, las letras de molde que anticipan un universo de posibilidades a la comunidad lectora, hubo un título de trabajo. Ese que permite avanzar hacia alguna dirección, aunque aún no esté del todo claro cuál.
El título de trabajo con el que Coquil escribía pensando en un libro era “Psilocybe” (en algún pasaje juega con Psicolybe, por el carácter psicotrópico del asunto), el nombre científico del hongo. “En las primeras páginas aparece en mayúscula, como un nombre del personaje central de la historia: una personificación del hongo”, repone el entrevistado. “Al final, surgió la posibilidad de otro título, que sugería la idea del contraste entre el tamaño reducido de los hongos -de 5 o 10 centímetros- y la magnitud de la historia que generó su descubrimiento. Me gustaba ese contraste entre lo pequeño y la gran historia”.
Los etnomicólogos Gordon Wasson (centurión de los mil rostros, vicepresidente de Relaciones Públicas de J.P. Morgan) y su esposa Valentina Pavlovna (invisibilizada en el relato oficial) motorizan la historia escuchando el wanderlust , es decir, la llamada de lo lejano.
De algún modo, sus valores también operan por contraste: son viajeros autodidactas que estudian enciclopedicamente los hongos. Descompongamos la palabra: en-ciclo-pédica-mente.
Atraviesan en ciclos su pédica mente. Pédica: relativa al pie.
Caminante. “Es un libro llevado por la curiosidad”, desarrolla Benoît. Y Benoît se asume “muy flâneur”, tanto en París como en Buenos Aires. “Me gusta mucho pasear, me siento muy afín a los textos de Arlt sobre el vagabundeo.
Me encanta la observación de las cosas mínimas. Antes de ayer fui caminando hasta la casa donde vivía en 2013, en Buenos Aires, para ver si había cambiado”.
Formas de viajar Que la curiosidad, el relato rizomático (ya que estamos), no mate al relato. Como se expresó más arriba, el motor de los Wasson es, en otras palabras, el asombro. “Son personajes superados por la curiosidad.
Su deseo de conocerlo, explorarlo y escribirlo todo sobre los hongos alucinógenos, tuvo consecuencias muy graves que ellos no habían anticipado. Y aparece este hongo mexicano desconocido por los occidentales como una oportunidad excepcional de saciar su sed de saber.
Yo veo, también, un vínculo entre saber y poder”. Claro que la curiosidad tambi
Información de El Litoral (Santa Fe). Edición y redacción: Noticias Today.
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