Cachas con espadas: los dibujos que Mattel inventó para vender muñecos a los niños que no querían Barbie

Skeletor riéndose a carcajadas, Cringer y sus ataques de canguelo y, cómo no, el príncipe Adam gritando "¡Yo tengo el poder!" cuando se transforma en He-Man. Todos los fans de Masters del Universo esperan que esas señas de identidad estén presentes en el regreso de la franquicia a los cines, con Nicholas Galitzine tomando el relevo de Dolph Lundgren como el héroe en acción real.No obstante, hay algo que no encaja, porque Masters... es una colección de juguetes y estos, en la mayoría de los casos, no hablan.
Si queremos descubrir los orígenes del canon de la saga, tenemos que remontarnos a una serie de dibujos animados que sigue siendo de culto pese a una calidad tirando a cuestionable. En fin, eran los 80.
¡Por el poder de Reagan!Una historia de medio siglo puede empezar de la forma más accidentada, y ese es el caso de los Masters del Universo. La que habría de ser una de las franquicias insignia de Mattel inició como una operación de control de daños frente a dos patinazos de la compañía: haber dejado pasar los derechos del merchandising de Star Wars, y haber negociado los de Conan el bárbaro antes de descubrir que esa película no iba a ser apta para menores.
Empeñada en lanzar un juguete tan popular entre el sector masculino como Barbie entre las niñas, Mattel contó con la ayuda (indirecta) del mismísimo Ronald Reagan. Luego de ser elegido en 1981, el presidente republicano había puesto en marcha una desregulación del mercado televisivo que facilitó el auge de las teletiendas... y también autorizó los programas infantiles basados en juguetes, lo cual equivalía a legalizar el product placement para niños.A las compañías del ramo les faltó tiempo para aprovechar la nueva legislación, y Mattel no fue menos.
Para lanzar a los Masters en TV, la empresa recurrió a Filmation, estudio que no brillaba precisamente por su buen hacer pero que facturaba sus títulos a toda mecha y con presupuestos espartanos: justo lo que hacía falta para aprovechar el tirón de un producto recién nacido. La serie, asimismo, contó con un libro de estilo basado en un precedente ilustre: los cómics de los Masters que ya por entonces publicaba DC.
Escritos por Paul Kupperberg y dibujados por el legendario Curt Swan (el artista por excelencia de Superman), dichos tebeos ayudaban a hacer de los personajes algo más que pedazos de plástico hipermusculado, dándoles historias y trasfondos... y también sentido del humor, algo que no siempre entusiasmaba a los diseñadores.Skeletor, la estrella del showBasta con ver un capítulo o dos de He-Man y los Masters del Universo para notar que la serie era bastante cutre, como casi toda la animación mainstream de los 80. Pero calificarla de producto de derribo sería injusto: entre sus responsables hubo autores hoy ilustres como J.
Michael Straczynski (Babylon 5) y Paul Dini (Batman, la serie animada), empeñados en solventar el encargo con dignidad.Así, aunque el primer lore de la franquicia había retratado a He-Man como un bárbaro que habitaba un mundo postapocalíptico, la serie descartó ese argumento para hacer hincapié entre la dualidad entre el héroe y el príncipe Adam, ese alter ego tirando a frívolo y primaveras. Dicho contraste emparentaba al protagonista con clásicos de la narrativa de aventuras como el Zorro y la Pimpinela Escarlata, por no decir con Bruce Wayne.
Teela, Duncan (hasta entonces conocido como 'Man-at-Arms') y Cringer fueron otros personajes beneficiados por este tratamiento que, asimismo, añadió nombres como Orko, el rey Randor y la Hechicera al censo de Eternia. Pero, como suele pasar, fue en el villano donde los guionistas echaron el resto.
En parte para esquivar a la censura, en parte porque Mattel se lavaba las manos siempre que el producto funcionara, Skeletor apareció en la serie como un antagonista bastante incompetente, pero inmensamente divertido. La voz en VO de Alan Oppenheimer llevó a la pantalla una ristra de insultos y one liners que convirtieron al hechicero con cara de cráneo en la auténtica estrella del espectáculo.Haciendo historia y jugándosela a la censuraNada más estrenarse en 1983, He-Man y los Masters del Universo hizo historia de la TV: no hablamos solo del primer show basado en un juguete que funcionó en régimen de sindicación (emitiéndose a la vez en varias cadenas), sino también del primer título animado que obtenía buenas cifras fuera del habitual slot de los sábados por la mañana.
En 1985, la serie era el programa infantil más visto de EE UU, y triunfaba en otros treinta países. También tenía sus detractores, claro.
"Antes del estreno, los lobbys se quejaban de que [He-Man...] era demasiado violenta sin haberla visto", recordó en 2019 la productora Erika Scheimer. Su respuesta a la coyuntura no fue solo trazar líneas muy claras acerca de cómo debían resolverse las peleas, sino también llamar a Don Roberts, un profesor con el que había estudiado en la universidad de Stanford, para que revisara los guiones en calidad de 'consultor educativo'.
Como recuerda J. Michael Straczynski, asimismo, los criterios acerca de la violencia en el show eran para darles de comer aparte.
"La norma [del productor Arthur Nadel] era que el malo de turno saliese del plano, porque, al parecer, una vez que salía del plano ya no había que preocuparse por él", indicó el guionista. Estos recursos (y la obligada inclusión de una moraleja al final de cada episodio) ayudaron a que He-Man y los Masters del Universo capeara a los guardianes de la moral hasta 1984, cuando se emitió su último episodio.
Al año siguiente, mientras las reposiciones y el vídeo doméstico perpetuaban la fama del show, Mattel y Filmation lanzaron She-Ra, un spin-off basado en la línea de juguetes 'para niñas' que contaba con el mismo equipo de la serie matriz. De esta manera, este show que nació como un mero encargo para apoyar una campaña de marketing se convirtió en una piedra angular de la franquicia, y en la razón por la que esta sigue teniendo fans en el día de hoy.
Títulos posteriores como Las nuevas aventuras de He-Man (1990) y el reboot producido por Kevin Smith en 2021 no han conseguido destronarlo porque, a veces, la calidad objetiva importa menos que la capacidad para dejarnos un recuerdo entrañable.
Información de 20 Minutos. Edición y redacción: Noticias Today.
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