Zapatero en su túnel

Ignoro si Zapatero ha leído El túnel de Sábato. Pero si lo ha leído, quizá recuerde esta frase: "Me dominaba a la vez un sentimiento de infinita soledad y un insensato orgullo: el orgullo de no haberme equivocado".
La soledad, en política, es la antesala de la muerte civil, ese momento donde la crudeza se vive de manera tan intensa que solo el orgullo malherido y la distorsión de la realidad contienen parcialmente el dolor.Sería un inmoral si me refiriese solo a Zapatero, porque los síntomas que está padeciendo los han experimentado otros, y no socialistas. Pero la actualidad manda y Zapatero avanza, como titularía el argentino Osvaldo Soriano, triste, solitario y final.
En un carrusel infatigable de calamidades y errores, Zapatero libra su propia batalla contra la opinión pública, los medios de comunicación y, ante todo, contra la verdad. Pero toda batalla tiene su fin porque no hay guerra interminable.La muerte política siempre se representa como una tragedia, aunque pueda parecer una farsa.
Es cierto que hay una tendencia morbosa a representar la situación que vive Zapatero como una comedia de enredo en múltiples actos, para regocijo de los creadores de memes y demás iconografía barata para redes sociales. Pero, al fin y al cabo, todo es muy triste: el final de un icono de la izquierda devenido de mito en timo, la resistencia tribal de quienes niegan la realidad a costa de mantener su posición política, la existencia de rehenes de partido a los que no les duelen prendas en sostener lo insostenible.
Como también es muy triste que quienes balacean a Zapatero incurran en sus mismas calamidades, porque es tribu, como son los otros, y están hechos de la misma materia que se llama supervivencia. Hay un olor a sangre seca en el trasfondo de cada crítica, que produce un hedor general, el hedor de la hipocresía.Desconozco si Zapatero, en su inconsciencia, ha sentido ya ese miedo letal muy cerca, el que te hace comprender, sin sexto sentido, que te identificas más con los muertos civiles que con los vivos.
Por mística o por una suerte de ley natural, Zapatero quiso recrearse a sí mismo, desafiando el legado recibido. Pero se equivocó.
Hay una tendencia enfermiza, un síndrome que afecta a personas que han ejercido el poder, de considerarse a sí mismas como referentes internacionales con vocación de hacer dinero. Mucho dinero.
Se afanan en monetizar su agenda y eso, en ocasiones, puede tener un coste penal.Así ha sido con Zapatero. Ahora solo queda la soledad no buscada, un frío camino que tiene que transitar sin compañía, como el protagonista de El túnel cuando se lamenta y afirma: "En todo caso, había un solo túnel, oscuro y solitario: el mío".
Información de 20 Minutos. Edición y redacción: Noticias Today.
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