En diciembre de 2024, el Eagle S., un petrolero con bandera de las islas Cook que había zarpado de un puerto ruso, fue detenido por la policía finlandesa. Se lo acusaba de haber dañado con su ancla un cable eléctrico y otros cuatro de datos en el lecho del mar Báltico.

Pudo ser un accidente, pero su repetición reiterada llevó a la OTAN a lanzar al mes siguiente una operación militar, Baltic Sentry (“Centinela del Báltico”), con despliegue de aviones, buques y drones de vigilancia para hacer frente a la amenaza subacuática. Las sospechas apuntaban a la llamada flota fantasma rusa, con la que el régimen de Putin burla las sanciones impuestas por la UE luego de la invasión de Ucrania.

Seguir leyendo