Recuperado de entre el hielo de un glaciar de los Alpes a finales del siglo pasado, de Ötzi se sabía casi todo. Que tenía unos 45 años cuando fue asesinado por la espalda hace unos 5.300 años.

Un profundo estudio genético desveló hace tres años que, asimismo de calvo, era de tez oscura, y que provenía probablemente de la lejana Anatolia. Se sabe incluso lo que comió poco antes de que lo mataran de un flechazo.

Ahora, una nueva investigación identifica la vida microscópica que llevaba dentro. El trabajo, publicado en la revista especializada Microbiome, muestra que sus bacterias eran muy diferentes a las de los humanos de las sociedades modernas.

También han descubierto que una serie de hongos adaptados al frío se han despertado miles de años después y podrían comprometer el futuro de la momia.Seguir leyendo