Con el fin de aumentar la participación ciudadana desde los barrios, el grupo ha comenzado a formar a los ciudadanos en el cuidado de lo público y la detección de la corrupción. Sesión de Enjambre, apuesta de la veeduría Todos por Medellín, en la comuna 6 de Medellín.Todos por Medellín Cuando se habla de veedurías ciudadanas, la imagen que suele venir a la mente es la de informes técnicos, cifras de contratación, denuncias ante entes de control y pleitos jurídicos.

Todos por Medellín cumple con todas estas funciones desde su creación en 2020, cuando nació en medio de una crisis política detonada por la intervención en EPM, pero asimismo de reunir a líderes sociales, empresariales y académicos, ha encontrado un propósito para fortalecer el control social.Lea: Conozca al nuevo mono papión sagrado que nació en el Zoológico de CaliDurante varios años se centraron en investigaciones y denuncias. No obstante, de los casos que más eco tuvo fue el acompañamiento a las denuncias por presuntas irregularidades en el manejo de presupuesto del programa Buen Comienzo, que incluyó el seguimiento jurídico hasta una intervención simbólica (performance) en La Alpujarra, y fue justamente ese proceso el que sembró la semilla del interés social, pues muchas de las madres beneficiarias del programa, pese a estar directamente afectadas por posibles hechos de corrupción, no se reconocían como víctimas, sentían miedo de denunciar y no veían con claridad cómo se estaban generando esas afectaciones.¿Qué pasaría si, en lugar de actuar solo cuando la corrupción ya sucedió, se pudiera prevenirla?

De ahí nacieron dos apuestas: Étycu, enfocada en el monitoreo técnico y jurídico de la información pública para detectar alertas tempranas, y Enjambre, un laboratorio que busca entender el comportamiento humano ante la corrupción.EnjambreEl segundo programa no nació como una estrategia de “pedagogía en los barrios” en el sentido convencional, según explica Juan Fernando Rivera, director de la Línea Social de Todos por Medellín, se concibió a finales de 2024 como un Laboratorio Ciudadano para el Cuidado de lo Público, apoyado en las ciencias del comportamiento, que es el campo que estudia cómo las personas toman decisiones y qué factores influyen en sus acciones. “Esto nos permite entender no solo qué piensan los ciudadanos, sino también por qué participan, por qué a veces no lo hacen y cómo podemos fortalecer una participación más activa y corresponsable frente al cuidado de la ciudad, la prevención y denuncia ante la corrupción”.El laboratorio se despliega en varias fases: la primera busca entender cómo los habitantes de un territorio interpretan la corrupción y qué factores inciden en sus decisiones frente a ella; luego avanzan al trabajo comunitario, con actividades participativas que fortalecen conocimientos y capacidades para el cuidado de los recursos públicos, y cierra con una evaluación de los cambios logrados. “Creemos que el mejor control social no empieza cuando aparece un problema, sino cuando existen ciudadanos informados, comprometidos y capaces de actuar de manera responsable frente a los asuntos públicos”, resume Rivera.Le puede interesar: Así quedó el nuevo pico y placa en Bucaramanga: estos son los cambiosEnjambre arrancó en la Comuna 6, Doce de Octubre, al noroccidente de Medellín. Allí la fase de diagnóstico se extendió por casi un año.

El equipo llevó a cabo 25 entrevistas etnográficas y aplicó 384 encuestas a habitantes de distintos barrios de la comuna. Ese trabajo de campo arrojó un hallazgo que hoy orienta la metodología: aunque la mayoría de las personas rechaza la corrupción, ese rechazo no siempre se traduce en denuncia.

Factores como el miedo, la percepción de riesgo, la aprobación social del entorno y la sensación de que “nada va a cambiar” terminan opacando la sensación de descontento, y a partir de estos hallazgos el equipo construyó intervenciones en la comunidad como acciones simbólicas, estrategias de comunicación, conversaciones comunitarias y herramientas pedagógicas pensadas para fortalecer normas sociales que desincentiven la corrupción.La segunda fase, ya en marcha, trabaja con grupos de formación ciudadana conformados por 25 jóvenes de la comuna. El proceso se ha construido en articulación con organizaciones que ya tenían trayectoria en el territorio, entre ellas Picacho con Futuro, la Veeduría al Plan Estratégico de la Comuna 6, Ratón de Biblioteca y Tallerarte.“Nuestro trabajo está dirigido a cualquier persona interesada en aportar al Distrito de Medellín: jóvenes, líderes comunitarios, organizaciones sociales, colectivos, instituciones educativas y ciudadanía en general.

No formamos únicamente veedores; buscamos fortalecer a ciudadanos que comprendan mejor su papel en la construcción de una ciudad más transparente, participativa y corresponsable”, precisa Rivera.Hernando Muñoz, representante legal de Todos por Medellín, agrega que el laboratorio ya empezó a escalar más allá de la Comuna 6: “Hemos llegado ahora a otras comunas, como lo es la 13, con estas herramientas”. Explica que esta comuna es un territorio que ha sido “muy golpeada por la violencia” y donde el equipo está aplicando la misma metodología de acompañamiento pedagógico.Una de las herramientas centrales de ese trabajo de campo es un juego que el equipo social diseñó para jóvenes y adultos.

La dinámica plantea escenarios cotidianos de corrupción, por ejemplo que alguien le ofrezca a la persona un dinero extra a cambio de usar materiales de menor calidad en una obra, y busca que los participantes decidan, en el momento, qué harían. “Son cosas que la gente cae en cuenta de que pasan cada día”, señala Muñoz, quien insiste en que el ejercicio busca dejar claro que la veeduría “no somos solo nosotros o unas personas que representan un grupo organizado”, sino que cualquier persona, o desde una junta de acción comunal, puede hacer prevención.Para Rivera, hacer veeduría “es ejercer una ciudadanía activa y responsable, lo que significa interesarse por lo que ocurre en la ciudad, informarse, hacer preguntas, participar, dialogar y contribuir a que las decisiones públicas respondan al interés general”, y se suma a la idea del representante legal, quiem enfatiza en que una veeduría no empieza con una denuncia, sino desde mucho antes, cuando una persona decide involucrarse en los asuntos públicos y entiende cómo puede aportar a mejorar el entorno.Muñoz cuenta que buena parte de las denuncias que ha recibido la veeduría en el último año llegan justamente por los canales que han visibilizado en la ciudad: la Línea de la Confianza, que se encuentra en la página web, o el acercamiento directo de líderes comunitarios. Uno de los casos más recientes, cuenta, llegó gracias a esta línea, y se trató de una denuncia de uno de los acompañantes de los jóvenes beneficiarios de becas en instituciones como el Colegio Mayor de Antioquia o el ITM, quien estaba pidiendo COP 200.000 a los gestores para mantener su puesto. “Eso está documentado, ya llegó a denuncia y acompañamos a la persona que hizo la denuncia“, relata Muñoz.Añade que la organización acumula alrededor de 45 personas imputadas en procesos ligados a la administración anterior, y sigue haciendo seguimiento jurídico tanto a esos casos como a denuncias más recientes.María Alejandra Gallego se acercó a Enjambre por recomendación de compañeros de universidad en unas vacaciones.

Se quedó porque, dice, encontró algo distinto a lo que esperaba de un espacio de formación en control social: “Me parece que es muy completa la información con la que Todos por Medellín llega a presentar ante jóvenes, principalmente porque se habla del reconocimiento de lo público, de la importancia que tiene y que debemos apropiarnos como ciudadanos de ello”.Lo que más destaca es que las dinámicas no son puramente técnicas, sino que pasan por la conversación y la experiencia propia: “A partir de dinámicas, de comunicación asertiva, desde la experiencia, se logra que entre jóvenes empecemos a reconocernos más la necesidad de involucrarnos en lo público”. Valora, asimismo, que a los encuentros lleguen personas con trayectoria en veeduría a compartir herramientas, sin dejar de insistir en que cualquier ciudadano puede apropiarse de ese ejercicio.Para la organización, el principal resultado de Enjambre no es cuantitativo, sino cualitativo; entender el comportamiento de los ciudadanos y lograr espacios para dialogar y comprender los asuntos públicos, aumenta su disposición a involucrarse en el cuidado de la ciudad.

La meta de la organización es replicar lo que sucede en la Comuna 6 progresivamente en otras comunas y corregimientos de Medellín.