La conversación entre superpotencias emplea individuos como vocablos y a Ezra Jin Mingri hoy le ha tocado, para su regocijo, ser palabra conciliadora. El fundador de la Iglesia de Sión, una de las congregaciones clandestinas más importantes de China, ha sido puesto en libertad este fin de semana y ya se ha reunido con su familia en Estados Unidos.

Este gesto constructivo se produce dos meses después de que Donald Trump intercediera en su favor ante Xi Jinping durante su visita oficial a China a mediados de mayo, la primera en nueve años, que vino a afianzar la tregua vigente.«Expresó que iba a considerar seriamente al pastor», comentó 'a posteriori' el presidente estadounidense. Este también planteó al líder chino, con menos suerte, el caso de Jimmy Lai, magnate prodemocracia hongkonés condenado a veinte años de cárcel por «sedición», una figura mucho más problemática para el régimen.Noticia relacionada general No No Trump pone a prueba los límites del poder en el 250 aniversario de Estados Unidos David Alandete«Hemos presenciado un milagro y nos sentimos desbordados de alegría», han declarado este domingo mediante un comunicado oficial los familiares de Jin, afincados en EE.UU.

El texto agradece el «increíble liderazgo» de Trump y la «intervención directa» de Xi, sin la cual «esto no habría ocurrido».«Esperamos que sea una señal de un cambio positivo para los creyentes en China y para las relaciones entre nuestros dos países», sentenciaba. Las autoridades chinas, por su parte, no han realizado por el momento declaraciones al respecto.La ONG ChinaAid, que estudia la persecución religiosa en el gigante asiático, ha confirmado el aterrizaje de Jin, «sano y salvo», en Los Ángeles.

Su llegada, «celebrada con profunda gratitud», ha servido asimismo para recordar a los «innumerables» fieles, entre ellos ocho miembros de la Iglesia de Sión que siguen encarcelados en China.Persecución religiosaJin permanecía bajo arresto desde el pasado mes de octubre, cuando una redada detuvo a decenas de miembros de la Iglesia de Sión, una operación caracterizada como el mayor golpe al cristianismo dentro de China desde la campaña de persecución generalizada de 2018. En meses precedentes las fuerzas de seguridad ya habían incrementado el hostigamiento a los fieles durante los servicios dominicales e interrogado a más de un centenar de ellos.

El fundador fue apresado en su residencia particular en la ciudad meridional de Beihai, en la provincia de Guangxi, y estaba acusado de «uso ilegal de redes de información» , en referencia a su actividad religiosa en Internet, delito que acarrea una pena máxima de siete años de cárcel. Sus familiares habían expresado desde el primer momento una gran preocupación por su estado de salud, dado que en el pasado había sido hospitalizado por diabetes, así como las condiciones de su encarcelamiento, pues sus abogados no habían logrado comunicarse con él.Graduado en la prestigiosa Universidad de Pekín, Jin se convirtió al cristianismo luego de presenciar la matanza de Tiananmen .

Fue pastor protestante hasta que en 2007 fundó la Iglesia de Sión, una comunidad evangélica que pronto se convirtió en una de las más dinámicas del país.En 2018 las autoridades clausuraron su sede en Pekín, durante el referido incremento del acoso. Jin tenía prohibido desde entonces viajar al extranjero, lo que le había impedido mantener el contacto con su familia inmediata.La Iglesia de Sión, no obstante, inició a crecer aún más rápido al comienzo de la pandemia, gracias a la emisión de sermones a través de servicios de videoconferencias como Zoom y discretas reuniones presenciales en más de cuarenta ciudades. «La razón fundamental es que la Iglesia de Sión ha crecido de manera explosiva durante los últimos años hasta convertirse en una red bien organizada, lo que por supuesto asusta al Partido Comunista», destacaba su portavoz Sean Long luego de la redada.

Al menos ocho miembros de la Iglesia permanecen todavía bajo arresto, según ha afirmado este fin de semana una de las hijas de Jin. China tiene más de 44 millones de cristianos registrados en las iglesias oficiales, la mayoría de ellos protestantes, pero decenas de millones más practican su espiritualidad en «iglesias domésticas» ajenas al control del Partido Comunista (PCCh).

El año pasado, el régimen aprobó un nuevo marco legal que impide predicar a través de redes sociales y otras plataformas digitales, después de que el líder Xi Jinping ordenara «asegurar un estricto cumplimiento de la ley».