Cómo el cannabis puede afectar al cerebro, desde la adolescencia hasta la adultez

Son muchas las personas que creen que el cannabis, al ser “natural”, automáticamente se convierte en una sustancia “segura” para la salud. No obstante, la evidencia científica muestra que su consumo no es inofensivo en la salud de las personas.Esto cobra especial relevancia cuando su uso frecuente comienza durante la adolescencia y se mantiene con el tiempo.
Y es que los estudios muestran que la adolescencia es una de las etapas más vulnerables, ya que el cerebro aún está en pleno desarrollo y el THC, el principal compuesto psicoactivo presente en la planta, actúa directamente en él.En ese contexto, el consumo frecuente puede afectar procesos clave relacionados con la memoria, aprendizaje, toma de decisiones e incluso, un aumento en el riesgo de desarrollar trastornos de salud mental.Esto es todo lo que necesitas saber sobre el cannabis y la salud cerebral, desde la adolescencia hasta la adultez.Qué pasa si consumes cannabis o THC en la adolescenciaEn conversación con La Tercera, el Dr. Juan José Trebilcock, psiquiatra de la Clínica Universidad de los Andes, explica que la edad en la que se consume el cannabis marca una diferencia clave, ya que el cerebro no responde de la misma manera en todas las etapas de la vida.Cuando una persona consume cannabis, el THC interactúa directamente con el sistema endocannabinoide, una red que participa en funciones como las emociones, memoria y plasticidad de las neuronas.“La edad juega un papel decisivo, no porque busquemos penalizar a los más jóvenes, sino porque sus cerebros están en plena etapa de construcción, un proceso que no termina hasta cerca de los 25 años”, dice el especialista.Durante ese período ocurre la llamada “poda sináptica”, un proceso en el que el cerebro elimina conexiones que no utiliza y fortalece las más importantes.
Y la presencia de THC puede interferir con esa “maduración natural”.Es por ello que, para el especialista, evitar el consumo durante la adolescencia responde a una razón médica y no a un intento de estigmatizar a los jóvenes.En ese contexto, explica que el cannabis puede interferir con el funcionamiento de la corteza prefrontal, una zona del cerebro relacionada con el pensamiento abstracto, toma de decisiones y control de los impulsos.Asimismo, sostiene que el uso recurrente puede favorecer la aparición de un síndrome amotivacional, caracterizado por apatía y una importante pérdida del impulso para realizar actividades.La evidencia científica disponible también muestra que comenzar a consumir tempranamente, sobre todo de manera frecuente, aumenta el riesgo de desarrollar trastornos de ansiedad, cuadros depresivos e incluso trastornos psicóticos o bipolares.“Nuestro objetivo no es asustar, sino prevenir que la exposición temprana cambie el curso de una vida”.En cambio, en la adultez, el cerebro ya completó su desarrollo, por lo que “los efectos de alteraciones a largo plazo tienden a ser, en promedio, menores que los impactos estructurales observados en un adolescente”.Pese a ello, los efectos del THC de todas maneras afectan a la persona, independiente de la etapa de la vida.Los efectos del cannabis sobre el cerebroEl Dr. Trebilcock explica que aunque muchas personas recurren al cannabis para aliviar el estrés o facilitar la interacción social, el uso frecuente puede tener consecuencias tanto cognitivas como emocionales.Entre quienes desarrollan un consumo problemático durante la adolescencia, señala que se observan peores trayectorias académicas, con mayores tasas de ausentismo y abandono escolar.De la misma manera, algunos estudios han mostrado disminuciones significativas en el coeficiente intelectual (CI) asociadas a alteraciones en la velocidad de procesamiento y la memoria de trabajo.“En los adultos, el consumo crónico dificulta la atención sostenida y el tiempo de reacción, afectando el desempeño laboral y la satisfacción vital general.
Existe un riesgo documentado de desarrollar trastornos mentales severos como la esquizofrenia y bipolaridad”, añade el especialista.Esto, especialmente cuando el consumo comienza a edades tempranas, se utilizan productos con altas concentraciones de THC y la frecuencia de uso es elevada.¿Lo natural es siempre seguro?El psiquiatra explica que el cannabis disponible en la actualidad no es el mismo de hace décadas. “Es vital que conversemos sobre estos riesgos con transparencia”, dice. “Los productos actuales han sido diseñados para lograr altas dosis de efecto psicoactivo, como extractos y resinas, tienen concentraciones de THC altísimas (que superan el 15% o 20% pudiendo llegar al 80%), lo que incrementa enormemente el riesgo de dependencia psiquiátrica y crisis de ansiedad o paranoia aguda”. A ello se suman otros posibles efectos sobre la salud física.
Según el especialista, el consumo agudo puede elevar la presión arterial y provocar taquicardia, asimismo de un aumento en el riesgo de infartos o accidentes cerebrovasculares incluso en personas jóvenes y sin antecedentes.También recuerda que fumar cannabis implica combustión, por lo que los pulmones quedan expuestos a toxinas que dañan el tejido respiratorio y favorecen la aparición de tos y bronquitis crónica, de forma similar al tabaco.Consumo de cannabis: cuándo es recomendable buscar ayudaEl Dr. Trebilcock señala que aproximadamente tres de cada diez personas que consumen cannabis desarrollan un trastorno por consumo de cannabis (CUD).“No es un fracaso moral ni falta de voluntad, sino una condición médica real que merece compasión y tratamiento”.
Entre las principales señales de alerta, menciona que el consumo comience a afectar los estudios o el trabajo, que la persona abandone actividades que antes disfrutaba o se aísle de su entorno.También considera preocupante sentir un deseo persistente de dejar la sustancia sin conseguirlo, dedicar gran parte del tiempo a pensar en consumir o utilizar el cannabis de forma sistemática para dormir, enfrentar la tristeza o controlar la ansiedad.Finalmente, explica que la aparición de insomnio, irritabilidad intensa o ansiedad al intentar dejar de consumir, así como la necesidad de aumentar las dosis porque “ya no hace efecto como antes”, son señales de que el cerebro está pidiendo ayuda y que es recomendable buscar apoyo médico.
Información de La Tercera (Chile). Edición y redacción: Noticias Today.
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