Nicolás Fernández Miranda: "Estamos en el peor momento de la historia para la concentración"

FERNÁNDEZ.— Nicolás Fernández Miranda es especialista en neurociencias, educación y administración de empresas, asimismo de autor de un libro best seller como Hackea tu cerebro. Este sábado llega a San Juan para participar del evento Libertad Digital, en el salón Grazia, donde estará junto a emprendedores digitales de la provincia.
Su objetivo es dejar herramientas para ganarle a las interrupciones que la industria de las redes promueven y lograr más concentración. En una charla con DIARIO DE CUYO, explicó que en la actualidad mantener la concentración es una tarea extremadamente difícil, ya que el cerebro está bombardeado de estímulos.
A su vez, expresó que las formas que se suelen divulgar que promueven actuar desde la fuerza de voluntad son nocivas. En cambio, su propuesta tiene que ver con entender el sistema que busca captar la atención, para lograr salir de un ciclo de autointerrupciones.
¿Qué herramientas venís a proponer para quienes buscan vivir de los negocios digitales? Vengo a traer herramientas basadas en neurociencia para quienes aspiran a vivir de negocios digitales.
Vivir de esto implica consumir mucho contenido, y ahí surge un problema: es como si fuéramos \"catadores de hamburguesas\". Si uno come hamburguesas, el cuerpo eventualmente tiene una señal de saciedad, pero con las redes sociales no tenemos esa señal de \"stop\".
Mi objetivo es enseñar cómo funciona el mecanismo del cerebro en relación a la atención para que las personas no dependan de las redes sociales, no con técnicas motivacionales simplistas, sino entendiendo la biología detrás. Si entendés cómo funciona algo, podés tomar mejores decisiones, como cuando desarmás una canilla que gotea para cambiarle el \"cuerito\" en lugar de solo apretarla con más fuerza de voluntad.
¿Cómo fue que decidiste enfocarte específicamente en el tema de la atención? Vengo de una familia de educadores: mi padre y mi madre son docentes, y mi hermana es especialista en educación.
Tuve el privilegio de empezar a dar clases en la universidad a los 19 años y notaba que muchos alumnos estudiaban mucho tiempo pero desaprobaban porque lo hacían en entornos distraídos. Luego de hacer una maestría en neurociencia aplicada a la educación, me enfoqué en la concentración.
Hoy estamos en términos de manejo del rendimiento cognitivo como estábamos con el cigarrillo en 1930: lo consumimos indiscriminadamente y nadie le presta atención a los efectos. Me di cuenta de que la diferencia en una empresa no la hace solo el equipo que sabe de economía, sino el que sabe manejar su atención y sus distracciones.
¿Cuál es el diagnóstico actual sobre nuestra capacidad de concentrarnos? Estamos en el peor momento de la historia.
Para concentrarnos necesitamos, en promedio, 23 minutos, pero nos autointerrumpimos cada 47 segundos; nunca llegamos al foco profundo. No es que seamos débiles, es que hay un mercado dedicado a explotar nuestra atención.
Para explicarlo en general uso una analogía: si te dedicás a comer galletitas Oreo y hamburguesas de McDonald\'s, tu gusto cambia y después una manzana te parece poco atractiva. Hoy el celular nos da estímulos que superan en intensidad a todo lo que encontramos en la vida real.
Mientras nosotros buscamos técnicas para concentrarnos, hay cientos de ingenieros en Meta pensando cómo mantenernos enganchados. Muchos consejos actuales apelan a la \"fuerza de voluntad\".
¿Qué opinas de ese enfoque? Es nocivo porque si intentás dejar el celular con consejos baratos y fallás, pensás que el problema sos vos.
Esto genera una crisis de identidad: creés que no tenés voluntad para nada y terminás por ni siquiera intentar otros desafíos, como ir al gimnasio. Hay un investigador australiano que lo llama \"optimismo cruel\".
Es una solución simplista para un sistema que hoy es complejo, porque muchos necesitan el celular para trabajar o estar conectados con su familia. ¿Cómo afecta este entorno a las nuevas generaciones?
Es inmenso porque el cerebro de un adolescente se termina de desarrollar a los 25 años y la Generación Z creció con este estímulo constante. Antes, un niño en un restaurante tenía que esperar y manejar su ansiedad; hoy se le da una tablet.
Estamos moldeando el cerebro de una manera que sabemos que es negativa. Sobre este tema y cómo el cerebro nos engaña, profundizo en mi libro, que se titula Tu cerebro es mentira.
Asimismo, los chicos hoy aprenden normas sociales comparándose con influencers de Australia que muestran estándares de éxito o belleza irrisorios, en lugar de aprender jugando en la plaza o en la vereda como hacíamos nosotros. Ante este panorama, ¿qué soluciones individuales podemos aplicar hoy mismo?
Hay varias estrategias prácticas basadas en la conciencia del impacto físico en el cerebro. Una herramienta sencilla es no consumir redes sociales durante la primera hora del día, porque eso setea tu nivel de dopamina y motivación para el resto de la jornada.
También recomiendo poner el celular en blanco y negro; las notificaciones son rojas porque ese color capta la atención en momentos de estrés, como un matafuegos. Al quitar el color, la aplicación es como \"comida sin sal\": sigue estando ahí, pero no te vas a comer tres platos.
Finalmente, sugiero la \"Hora de Oro\": reservar una hora al día, sin ningún tipo de interrupción y en el mismo contexto, para acostumbrar al cerebro al trabajo profundo. ¿Y qué se puede hacer a nivel organizacional o empresarial?
Es fundamental establecer el nivel de conciencia en el equipo y aplicar prácticas como el \"No meetings day\", un día dedicado exclusivamente al trabajo profundo sin reuniones ni llamadas. Un empleado desconcentrado es mucho más caro para una empresa que uno desmotivado, porque el error por falta de atención cuesta mucho dinero aunque no figure en las cuentas.
En términos de salud, la mala calidad de sueño —muy ligada a la falta de concentración— puede llegar a costar, según la OCDE, hasta un 3% del PBI de un país.
Información de Diario de Cuyo (San Juan). Edición y redacción: Noticias Today.
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