Mientras tanto, casi todos los grupos de rescatistas internacionales se han retirado ya y en los edificios derruidos quedan voluntarios venezolanos, bomberos, defensa civil nacional y vecinos que siguen retirando escombros. “A partir del día siete, los equipos empiezan a desmovilizarse, aunque todavía hay equipos que llegaron más tarde que siguen, sobre todo de Latinoamérica. Siguen trabajando en lugares donde hay reportes de vida, pero la mayoría está trabajando con equipos locales en la recuperación de cuerpos”, explicó a EFE Sebastián Mocarquer, representante del equipo de las Naciones Unidas para la Evaluación y Coordinación de Desastres (Undac).

Por el momento siguen 25 equipos de los 77 -de 31 países-, pero muchos ya de retirada, y este organismo coordinador de la ONU entregó ya el pasado viernes el testigo a la Protección Civil venezolana, quien será ahora quien se encargue de lo que ha quedado luego de los sismos de magnitud 7,2 y 7,5 del 24 de junio, que han causado 2.954 fallecidos y más de 16.500 heridos. La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, ha despedido y condecorado hasta ayer a rescatistas de unos 30 países, incluidos España, Alemania, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, El Salvador, Eslovaquia, Jordania, Lituania, México, Panamá, Portugal, República Checa, República Dominicana, Turquía y Vietnam.

En Caraballeda, una de las dos zonas más afectadas, a primera hora las calles estaban más vacías, aunque en parques o incluso en las aceras sigue habiendo carpas y muchos familiares siguen sin querer despegarse de los edificios derruidos donde están aún los cuerpos de los suyos. “Lo que estamos viendo ahora es que hay cada vez más desplazamientos hacia estados que no han sido afectados”, expresó a EFE Veronique Durroux, portavoz de OCHA Latinoamérica y Caribe (Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios), que indicó que se han registrado traslados a los estados de Táchira y Zulia, ambos al oeste del país y fronterizos con Colombia, así como a Delta Amacuro (este). Mariana Hernández lleva 11 días en los alrededores de un edificio de 12 plantas en Playa Grande, en la otra zona de los terremotos, clamando porque le ayuden a sacar a su hermana, su esposo y sus dos sobrinos. “Las personas que ves trabajando acá son puras personas que tenemos familiares acá y apoyos que han llegado de otros estados (del país)”, explicó a EFE esta mujer.

Entre los escombros ya hay varias excavadoras y una grúa grande, pero pertenecen a un hombre que vivía en ese edificio y trata de sacar a su familia. Con sus propias manos y las de los voluntarios venezolanos han conseguido sacar, solo de este edificio, 120 fallecidos y saben que siguen quedando muchos más.

Los rescatistas internacionales pasaron por el lugar hace días y no encontraron señales de vida. En las calles principales, camiones vacíos hacen fila parados esperando, pero de momento las excavadoras cogen los escombros y los van amontonando en los alrededores de los edificios o en solares vacíos.

El Gobierno venezolano cifró el 1 de julio en 1,25 millones de toneladas, los escombros generados solamente en la localidad de Caraballeda. Según cifras oficiales, los temblores afectaron a 856 edificios, de los cuales 190 han colapsado. “La magnitud de la destrucción es impresionante y hay que ver qué se puede hacer.

Hay también un tema de manejo de los escombros, qué se va a hacer con eso. Ahí también estamos apoyando con la evaluación”, indicó la portavoz de la OCHA.