La ocupación de un magnífico predio ubicada en el exclusivo barrio San José de Bavaria, norte de Bogotá, por parte de la SAE, pasó inadvertida esta semana en medio del proceso de empalme entre el gobierno entrante, Abelardo de la Espriella, y el de Gustavo Petro. Aunque no se dieron mayores detalles del operativo que se desplegó, vecinos de la zona quedaron sorprendidos luego de confirmar que se trata de un narcobien y que estaba ligado a un histórico y sanguinario narcotraficante del cartel de Medellín.

EL TIEMPO tuvo acceso al expediente que reposa en una fiscalía de extinción de dominio en el que se revela el historial del predio y del capo que lo adquirió. El predio tiene un área total de 3.459 metros cuadrados, distribuidos en dos casas gemelas, cada una con cinco habitaciones, sauna, turco y cancha de fútbol 5.

Según documentos en poder de este diario, el predio perteneció a Camilo Arturo Zapata Vásquez. Asimismo, que el predio hace parte de un proceso por narcotráfico, enriquecimiento ilícito y testaferrato.

De hecho, al predio se le hizo la primera diligencia judicial en marzo de 2005 por parte de oficiales de inteligencia de la Dijín. Pero la narcofortuna del capo es tan extensa que juzgados del país aún siguen emplazando a sus posibles herederos para informales de procesos en curso.

El más reciente aviso es de hace apenas un par de años, de un juzgado de Restrepo (Meta). Zapata es un extinto socio del cartel de Medellín, cercano al abatido jefe de esa estructura, Pablo Escobar, y de su poderoso lugarteniente Gonzalo Rodríguez Gacha, alias el Mexicano, quienes también tenían magníficos predios en Bogotá.

Sobre Zapata Vásquez se sabe que le apodaban ‘el Brujo’ del cartel por las actividades de santería con las que buscaba evadir a la justicia. EL TIEMPO dio a conocer en noviembre de 1993 que el capo le pagaba gruesas sumas de dinero a una pitonisa, conocida como 'Alicia', y a cerca de 12 brujos.

Para intentar ocultarse de la Policía, Zapata Vásquez cambió su nombre de Camilo Arturo a Juan Camilo. Y es el mismo capo que en los 90 compró el llamado Castillo Marroquín, ubicado a las afueras de Bogotá.

Según informes de la época, Zapata llevó a cabo una purga dentro de sus trabajadores del castillo, después de frustrados allanamientos de la Policía. Y asesinó a un veterinario que le dañó la cola a, Tupac Júnior, uno de sus caballos campeones.

Según fuentes judiciales, cada uno de los quince empleados del castillo Marroquín fue secuestrado y asesinado, como una retaliación de Zapata por presunta filtración de información. En los mismos expedientes se señala que Zapata amasó su fortuna luego de coordinar varios embarques de drogas a través de una modesta agencia de viajes y vuelos hacia Curazao, Río de Janeiro, Miami, Panamá, Lárnaca en Chipre.

En este último país tenía una empresa de manufacturas y en Colombia había invertido recursos a través de Inversiones Zapata Vásquez y la hacienda Aguas Calientes, esta última de propiedad de El Mexicano. Las autoridades creen que hubo dinero de Zapata en 180 negocios, entre ellos, la hacienda San Jorge, en Restrepo (Meta); una compañía marítima, varias agencias de seguros, y en firmas de explotación de esmeraldas.

El poderoso capo fue abatido por hombres del Bloque de Búsqueda 1993. Desde entonces, varios de los bienes fueron afectados con extinción de dominio y algunos aún siguen en pleito judicial con varios de los herederos del capo.

Lo que aún nadie entiende es por qué la justicia se demoró tantos años para que la megacasa quedara finalmente en manos del Estado. UNIDAD INVESTIGATIVA u.investigativa@eltiempo.com @UInvestigativaET Síganos ahora en Facebook