Estados Unidos festeja 250 años de independencia; el futbol sigue cautivo de la indiferencia

Banderas en cada esquina, fuegos artificiales, desfiles y el rojo, blanco y azul dominan las calles de Nueva York. Estados Unidos celebra el 250 aniversario de su independencia con el orgullo de quien presume ser una potencia mundial.
Pero en medio de la fiesta, hay un invitado que todavía busca hacerse un lugar: el futbol. Para buena parte del planeta, una Copa del Mundo detiene ciudades, cambia horarios de trabajo y monopoliza conversaciones.
En Estados Unidos, el balón compite con rivales demasiado poderosos. El futbol americano sigue siendo el rey absoluto.
Detrás aparecen el básquetbol y el béisbol, deportes que forman parte de la identidad cultural del país desde hace generaciones. No es que el futbol sea invisible.
La llegada desde hace algunos años de David Beckham, Zlatan Ibrahimović, Wayne Rooney y en la actualidad Lionel Messi, ha conseguido llenar estadios y despertar el interés de nuevas generaciones, impulsadas también por comunidades de inmigrantes que viven el futbol como una tradición familiar. No obstante, sigue lejos de ocupar el lugar que tiene en casi cualquier otro rincón del mundo.
Paradójicamente, Estados Unidos presume hoy una de las selecciones más talentosas de su historia. Futbolistas que militan en Europa, infraestructura de primer nivel y una liga que continúa creciendo alimentan la ilusión de competir con las grandes potencias.
En medio de un Mundial junto con México y Canadá como anfitriones, el desafío estadounidense no pasa únicamente por hacer un torneo impecable. El verdadero reto será conquistar a un público que todavía reserva sus mayores emociones para un touchdown, un home run o una clavada.
Porque 250 años después de su independencia, el futbol aún no termina de conquistar el país más poderoso del mundo.
Información de Excélsior (México). Edición y redacción: Noticias Today.
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