La tercera temporada de Silo amplía el origen de su mundo distópico

La incertidumbre ha sido el motor de Silo desde su estreno. En una sociedad donde la información está controlada y las respuestas llegan a cuentagotas, la búsqueda de la verdad se ha convertido en el hilo conductor de la adaptación de las novelas de Hugh Howey.
Ahora, con el estreno de su tercera temporada ya disponible en Apple TV, la serie expande ese conflicto al mirar hacia el origen del silo y preguntarse qué ocurre cuando una generación decide el futuro de todas las demás. Lejos de considerar ese interés como una tendencia contemporánea, el creador y showrunner, Graham Yost, sostiene que se trata de una inquietud que ha acompañado a la humanidad desde hace siglos y que explica por qué historias como la de Juliette Nichols siguen conectando con el público.
La nueva entrega introduce una segunda línea temporal que muestra los acontecimientos previos a la construcción de los silos. A través de Helen y Daniel, interpretados por Jessica Henwick y Ashley Zukerman, la serie traslada el misterio al presente para explorar cómo las decisiones políticas y sociales terminan moldeando el futuro.
Sobre ese planteamiento, Zukerman consideró que la historia termina reflejando inquietudes muy cercanas a la realidad actual. “Las decisiones que tomamos hoy resuenan en la eternidad. No había pensado realmente que ése fuera uno de los temas de la serie, pero creo que tienes toda la razón.
Es imposible no pensar en el momento que estamos viviendo y en las preguntas a las que nos enfrentamos ahora. La forma en que respondamos a esas preguntas tendrá repercusiones durante décadas e incluso siglos.
Por eso creo que debemos ser muy deliberados y responsables en la manera en que avanzamos”, remarcó Ashley Zukerman. Para el actor, esa necesidad de conocer lo que realmente ocurre detrás de las versiones oficiales explica también por qué el relato mantiene vigente su atractivo.
Ese debate también alcanza a personajes como Robert Sims y Camille Sims. Ambos ocupan posiciones de poder dentro del silo y representan la tensión entre preservar el orden o cuestionarlo.
Para Common, interpretar a un hombre dispuesto a defender el sistema fue un ejercicio para comprender motivaciones distintas a las propias. “Cuando acepté este papel pensé inmediatamente que Robert Sims era todo lo contrario a mí. Él está dispuesto a proteger el statu quo, manipular e incluso matar para defender a quienes tienen el poder.
Eso es completamente opuesto a quien soy. Pero lo que siempre he amado de contar historias y de actuar es que te permite comprender mejor a las personas que no son como tú, a quienes no piensan como tú.
Me pregunté qué haría que alguien quisiera defender con tanta convicción al sistema. La respuesta es que realmente cree que eso es lo mejor para esas diez mil personas, incluida su propia familia.
Cuando entiendes eso, comprendes que muchas personas actúan porque creen que están protegiendo a sus seres queridos, a su comunidad o incluso a su país. Interpretar a Robert Sims me ayudó a entender esa mentalidad mucho mejor”, añadió Zukerman.
Alexandria Riley compartió que esa ambigüedad moral también define a Camille, un personaje obligado a tomar decisiones bajo circunstancias extremas. “Así fue como construí al personaje. Camille llega a una posición de poder después de que tanto ella como su esposo siempre cuestionaron lo que ocurría dentro del silo.
Pero cuando esa responsabilidad recae sobre ella y le hacen creer que, si ciertas cosas no suceden, las diez mil personas del silo están condenadas, queda atrapada entre la espada y la pared. Lo único en lo que piensa es en la supervivencia de su hijo, de su esposo y, ahora, de toda la comunidad.
Sus decisiones nacen de una presión inmensa. Son situaciones imposibles.
Yo la veo como una persona fundamentalmente buena que termina tomando malas decisiones y actuando de maneras muy cuestionables. Pero creo que cualquiera de nosotros sería capaz de hacer algo parecido si se encontrara en circunstancias similares”, contó Riley.
La búsqueda de la verdad también se refleja en la propia construcción del universo de Silo. Aunque sus habitantes desconocen por qué viven bajo tierra, los creadores decidieron que los prejuicios sociales no formaran parte de esa herencia. “Desde el principio sabíamos que había algo profundamente equivocado en el funcionamiento del silo.
Sus habitantes no saben cuándo fue construido, por qué están allí o cuándo será seguro salir al exterior. Pero lo que nos encantó de la idea de que hubieran perdido la memoria es que, de alguna manera, también olvidaron ser racistas.
Olvidaron ser sexistas. Olvidaron ser homófobos.
Olvidaron limitarse por normas de género. Simplemente son personas viviendo sus vidas.
Con una cuarta temporada ya filmada y prevista como el cierre definitivo de la historia, la tercera entrega apuesta por responder algunas de las preguntas que ha sembrado desde el inicio, pero también por demostrar que, incluso en un mundo construido sobre secretos, la necesidad de descubrir la verdad sigue siendo uno de los impulsos más universales del ser humano.
Información de Excélsior (México). Edición y redacción: Noticias Today.
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