Juan Zapata acababa de cenar en su departamento en un quinto piso, con vista al Caribe, y se disponía a darse una ducha cuando la fuerza de los dos terremotos que sacudieron la costa de Venezuela hace diez días lo lanzó al otro lado de la habitación. Pasó dos días y siete horas atrapado entre los escombros, encajado entre dos barras de acero, antes de que rescatistas civiles lo sacaran de allí.

Zapata fue atendido inicialmente en el hospital público de La Guaira, la zona más afectada por los terremotos, y acudió al hospital de campo luego de visitar su edificio, Costa Brava, y encontrarlo destruido. Se está recuperando de varias costillas fracturadas, así como de cortes y rasguños graves.

Tiene las pantorrillas vendadas y todavía le duele al respirar. "Lo material se perdió pero la salud es lo que Dios me daba", aseveró.

Zapata no ha podido ponerse en contacto con su hija en Estados Unidos ni con su hermana en Canadá, ya que perdió su teléfono durante el terremoto. Tampoco tiene identificación ni ningún otro documento.

El sábado, el Gobierno elevó la cifra oficial de fallecidos a 2 mil 954 y aseveró que se han movilizado cerca de 30 mil funcionarios, junto con 3 mil 281 rescatistas internacionales, para ayudar a las personas afectadas por los terremotos. Más de 16.000 personas se han quedado sin hogar, según cifras oficiales.

Algunas viven en refugios oficiales y otras en campamentos de tiendas de campaña. El recuento no oficial, pero ampliamente utilizado, de los desaparecidos asciende a algo más de 41 mil.

El hospital de campo, parte de la coordinación del Departamento de Estado de Estados Unidos con varios grupos que prestan ayuda en Venezuela, ha atendido hasta ahora a unos 400 pacientes, expresó su director médico, Peter Holz, incluidas intervenciones quirúrgicas, que se prevé alcancen casi 30 para el sábado en la noche. Poco a poco, el equipo de 100 personas de Samaritan’s Purse irá traspasando las operaciones a los médicos locales, ya sea continuando con actividades en el recinto del campo o integrando todo su equipo y suministros en las clínicas locales, donde permanecerán de forma permanente, explicó.

"Se convertirá cada vez más en un centro de salud comunitario", añadió Holz. "Hay muchas historias tristes, pero también mucha esperanza en medio de todo esto".

Compromiso con los venezolanos: gobierno La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, ha rechazado con vehemencia las acusaciones de que su Gobierno reaccionó con demasiada lentitud ante los terremotos, luego de varios días de críticas generalizadas a la respuesta oficial. El sábado, el Gobierno elevó la cifra oficial de fallecidos a 2 mil 954 y aseveró que se han movilizado cerca de 30 mil funcionarios, junto con 3.281 rescatistas internacionales, para ayudar a las personas afectadas por los terremotos.

Según las cifras oficiales, más de 16 mil personas se han quedado sin hogar. Algunas viven en refugios oficiales y otras en campamentos de tiendas de campaña.

El recuento no oficial, pero ampliamente utilizado, de los desaparecidos asciende a algo más de 41 mil. Civiles de todo tipo —supervivientes, familiares, paramédicos voluntarios y equipos de rescate extranjeros— han acudido en masa a las zonas afectadas por el desastre desde que los terremotos de magnitud 7.2 y 7.5 sacudieron la región el 24 de junio.

Muchos de los que excavan entre los escombros, junto con las organizaciones internacionales de ayuda, afirman que la respuesta del Gobierno ha sido lenta e ineficaz, con retrasos en la llegada de ayuda como alimentos y suministros médicos, y una falta continua de maquinaria pesada para retirar los escombros durante las operaciones de búsqueda. En un complejo de viviendas sociales devastado en La Guaira, conocido coloquialmente como Los Cocos, un equipo de civiles dirigido por Alexander Delgado —quien habitualmente es profesor de educación física— seguía intentando rescatar a víctimas el sábado, nueve días después de que Delgado llegara desde el estado Aragua.

Miguel Poleo se unió al equipo para buscar a su hijastra y a su familia. Hasta ahora solo ha localizado a su perro, muerto entre los escombros.

"No creo que ya estén vivos", expresó, mientras descansaba luego de retirar escombros de un túnel. "La presidenta expresó que llegó gente rápida, pero no es así", aseveró Poleo.

"Hemos recibido ayuda del mismo pueblo", subrayó. Aunque hay grupos de soldados ayudando en las labores de rescate, sigue faltando presencia oficial, expresó.

"La policía anda con un pistola, una ametralladora ", expresó. "Lo que necesitamos es que vengan a trabajar", enfatizó.

Tanto Poleo como Delgado afirmaron que se quedarían hasta que se encontraran a todas las víctimas. Poleo, que trabajaba como mecánico antes del terremoto, quiere darle a su mujer la oportunidad de enterrar a su hija y a sus nietos.

"Necesitamos conseguir los cuerpos", aseveró.