El estadio todavía no se vaciaba de emoción cuando la lectura ya estaba dividida. Mientras Marruecos seguía celebrando sobre el césped su clasificación a cuartos de final, el técnico de Canadá, Jesse Marsch, ofreció una versión que no encajaba con el marcador final.

El problema para Canadá fue el punto exacto donde el control dejó de valer. Azzedine Ounahi abrió el marcador al minuto 55 con un remate que cambió el ritmo del encuentro.

Hasta ese momento, Canadá había sostenido la presión alta, incomodando la salida marroquí y reduciendo los espacios. El segundo golpe llegó en el minuto 82, otra vez con Ounahi, y ahí el partido empezó a inclinarse de forma definitiva.

Canadá ya no logró sostener la intensidad ni recuperar el control del ritmo. En el cierre, con el tiempo añadido casi consumido, Soufiane Rahimi marcó el 3-0 mientras el estadio era prácticamente una extensión de la celebración africana.

El contraste fue inmediato. Jjugadores de Marruecos festejando en el campo, y Marsch defendiendo la idea de que su equipo había sido competitivo más allá del resultado.

El futbol, al final, no discutió la posesión ni las sensaciones. Registró un 3-0 y un pase de Marruecos a la siguiente ronda.

En su análisis posterior, el técnico canadiense El técnicosostuvo luego de la eliminación ante Marruecos que prefiere la propuesta de su equipo incluso si el resultado no acompaña, al asegurar que se queda con la identidad de juego mostrada pese al 3-0 en octavos de final del Mundial.