El secreto mejor guardado de Tonalá está hecho de barro

La familia Pajarito es famosa en Tonalá, Jalisco, por poseer un secreto desde hace cinco generaciones. Ellos se dedican a la producción, conservación y rescate del “barro canelo bruñido”, piezas artesanales que se exponen en museos y colecciones privadas de diversas partes del mundo.Visitar Tonalá es conocer la historia de estos alfareros, que se remonta a toda una tradición familiar heredada por el bisabuelo de María Genoveva Pajarito Fajardo, quien, junto con sus otros cinco hermanos, mantiene viva esta expresión artística del occidente mexicano.“Esta técnica viene de la época prehispánica de nuestros antepasados de la zona.
¿Por qué digo prehispánica y con mucho orgullo? Porque todos nuestros engobes y todo lo que nosotros hacemos, desde el barro hasta los pigmentos para darle terminado a nuestras piezas, son extraídos de la tierra.
Llevan un proceso muy minucioso para llegar hasta el terminado de las piezas… entonces sí es algo tradicional y de muchos años atrás, desde mi bisabuelo, mi abuelo, mi papá y nosotros hasta ahorita”, indicó la artesana a MILENIO. Una responsabilidad heredadaPara muchos, continuar el oficio sería una elección.
Para ella fue un compromiso. La única mujer que lleva sobre sus hombros el peso de un legado.Hay cargas que se eligen y otras que son heredadas.
En el caso de María Genoveva, vive el segundo escenario, ya que su padre llevó a cabo un trabajo robusto que puso en alto el nombre de Tonalá y de esta expresión artística.La muerte de su padre también significó asumir la responsabilidad de proteger una tradición que identifica a Tonalá frente al mundo."Es un legado, es más que nada una responsabilidad de resguardar lo que en primer lugar se hace en el pueblo de El Rosario; que vamos a poner todavía muy en alto a Tonalá como artesanos que somos de la zona. El legado que nos dejó mi papá sí es una carga pesadita porque tenemos que estar contemplando lo que viene siendo la calidad de nuestras obras".Derivado de esto, ella y su familia, integrada por seis hermanos, se dedican a la producción de este tipo de artesanías.El barro que nace de la tierraEl barro canelo bruñido pertenece a una de las técnicas alfareras más antiguas de Tonalá.Forma parte del patrimonio artesanal junto con el barro bandera, el barro petatillo y el barro negro.Su característica principal es que prácticamente todos los materiales utilizados provienen directamente de la naturaleza.
No existen pinturas industriales. No existen esmaltes comerciales.
Todo nace de la tierra."La mayor parte de nuestra artesanía es decorativa para galerías, restaurantes, hoteles; también para coleccionistas, para gente que quiere darse un gusto y tener una artesanía de calidad de la zona de Tonalá", señala María Genoveva.El resultado son piezas de tonos cálidos, superficies brillantes obtenidas mediante bruñido manual y decoraciones que conservan motivos tradicionales de la región.Cada una es irrepetible, porque ninguna mano dibuja exactamente igual. El ritual del barroAntes de convertirse en una pieza terminada, el barro vive un largo proceso.
Todo comienza con la búsqueda de la materia prima en los bancos de barro de Tonalá. Después inicia el trabajo físico.El polvo se hidrata lentamente hasta convertirse en una masa uniforme.Cuando las piezas son de gran formato, la familia utiliza incluso la fuerza de sus piernas para amasar bloques que pueden superar los 50 kilogramos.Es un trabajo agotador.
No hay maquinaria que sustituya la sensibilidad de las manos.Después llega el moldeado.La pieza comienza siendo completamente gris. Más tarde recibe una capa protectora de cebo que permitirá trabajar los detalles sin dañar la superficie.Con herramientas metálicas fabricadas especialmente para este oficio, los artesanos tallan líneas, flores, animales y figuras tradicionales.Cada trazo exige precisión.
Un error puede significar perder semanas de trabajo.Luego aparece el color. Los pigmentos son extraídos de pequeñas minas donde buscan terrones con minerales específicos.
Cada color requiere molienda, cernido y preparación manual."El pincel está hecho también por nosotros. No lo compramos.
Lo fabricamos. Es de pelos de perro, de gato, también de algún otro animal con el pelo más fuerte, como la zorra.
Diferentes pelitos, pero todos son naturales", revela la artesana.El brillo sin barnizUna de las características que distingue al barro canelo bruñido es su acabado. El brillo no proviene de esmaltes industriales.
Se obtiene mediante el bruñido.Piedras especiales, cuarzos o superficies extremadamente lisas frotan durante horas la pieza hasta conseguir ese acabado sedoso que parece reflejar la luz.Es un trabajo paciente, minucioso, silencioso. Un brillo que no se compra, se construye.Como ocurre con buena parte del sector artesanal mexicano, el mayor enemigo no siempre es el tiempo; también lo son los productos fabricados en masa que imitan diseños tradicionales.Y para quienes desconocen el valor de una pieza hecha completamente a mano, visitarlos en sus talleres es un privilegio."Que todo el público en general nos apoye comprando piezas, sabiendo que de estas artesanías que hacemos mantenemos nuestras familias", invitó a que los visiten.De Tonalá para el mundoVisitar Tonalá significa mucho más que recorrer un corredor comercial de artesanías.
Es entrar a talleres donde todavía se trabaja con técnicas ancestrales. Donde el visitante puede observar cómo una masa gris se transforma lentamente en una obra de arte.Recorrer el pueblo de El Rosario y los talleres familiares permite entender que detrás de cada jarrón, cada cazuela o cada figura decorativa existen historias, conocimientos y vidas enteras dedicadas a preservar un patrimonio cultural.Comprar directamente al artesano no solo garantiza autenticidad; también representa una forma de mantener vivas técnicas que difícilmente podrían sobrevivir únicamente con exposiciones o reconocimientos.El turismo artesanal genera ingresos para decenas de familias tonaltecas y fortalece la permanencia de oficios que hoy enfrentan una competencia desigual frente a productos industrializados.Mientras los hermanos Pajarito continúan trabajando, una nueva generación comienza a mirar.Los hijos observan, preguntan y moldean pequeñas piezas.Para María Genoveva, ese aprendizaje es tan importante como cualquier título universitario."Es lo que estamos tratando nosotros de rescatar: que a la quinta generación, que son ya los hijos de nosotros, les inculquemos el valor del patrimonio que nos está dejando la zona, mi papá, y que nosotros queremos dejarles a ellos.
Que no lo echen en saco roto. Que sí tienen alguna profesión, alguna meta de tener una licenciatura, lo que ellos escojan, pero que no dejen sus raíces y que aprendan lo que nosotros aprendimos.
¿Y por qué no vamos a soñar que lo lleven a cabo de aquí a 15 o 20 años todavía más?", menciona esperanzada. Porque la intención nunca ha sido obligarlos a convertirse en artesanos.
El verdadero objetivo es que comprendan de dónde vienen. Que sepan que entre sus manos existe un conocimiento que ninguna máquina puede reproducir.En una época marcada por la velocidad, la producción masiva y el consumo inmediato, el barro canelo bruñido representa exactamente lo contrario.
Exige paciencia, tiempo, silencio y respeto por la tierra.La familia Pajarito entiende que preservar esta técnica implica mucho más que fabricar artesanías.Significa conservar una parte de la identidad de Tonalá y de Jalisco. Cada pieza que abandona el taller lleva consigo algo más que barro.
Transporta cinco generaciones de historia.La memoria de un bisabuelo que decidió enseñar a sus hijos, la dedicación de una familia que nunca abandonó sus raíces y la esperanza de que, dentro de varias décadas, otras manos continúen moldeando la misma tierra con el mismo orgullo.Porque mientras exista alguien dispuesto a ensuciarse las manos para convertir el barro en arte, la tradición seguirá respirando en los talleres de Tonalá. Y para quien desee comprender la verdadera esencia de la alfarería jalisciense, no bastará con admirar una pieza terminada en una vitrina: habrá que recorrer los talleres, conversar con los artesanos y presenciar el nacimiento de cada obra.Solo entonces se entiende que el barro canelo bruñido no es un souvenir, es un patrimonio vivo que continúa escribiendo su historia a ras de tierra.
MC
Información de Milenio (México). Edición y redacción: Noticias Today.
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