Noruega hizo historia clasificándose para el Mundial luego de 28 años sin acudir a uno y, en apenas dos semanas, esa historia no deja de crecer. Consiguió clasificarse para dieciseisavos de final en el grupo de la muerte, donde tuvo que pelear con Francia y Senegal, y lo hizo con bastante solvencia.

En la primera ronda eliminatoria, se deshizo de Costa de Marfil con un gol de Haaland en los minutos finales y ya sueña con eliminar a la Brasil de Ancelotti y Vinicius en octavos de final.Seguramente, si se pregunta en la calle por las estrellas noruegas, los nombres de Haaland, Ödegaard o incluso Sörloth serán los primeros en pronunciarse pero tengo serias dudas de que alguien repare en el artífice de que la maquinaria funcione, en el entrenador, el exfutbolista noruego Stale Solbakken, quien esconde una historia de superación que prácticamente puede calificarse de milagro.Retrocedamos 25 años en el tiempo, cuando el hoy seleccionador aún era futbolista en activo. Tenía 33 años y era centrocampista del Copenhague, donde llegó luego de jugar en el Aalborg y había encontrado un nivel de juego y una estabilidad que hasta el momento no había conseguido en su carrera deportiva.

Pero todo eso se vino abajo y desapareció durante un entrenamiento en el que se mascó la tragedia.De repente, Solbakken cayó inconsciente sobre el césped a causa de un paro cardiaco que fue provocado por una malformación congénita que no había sido diagnosticada hasta ese momento, según desvelaron las pruebas que se le realizaron posteriormente. El corazón del noruego estuvo siete minutos sin latir y solo pudo ser reanimado cuando iba de camino al hospital.

Milagrosamente el percance no acabó en tragedia pero sí terminó con la carrera futbolística de Solbakken.El ahora seleccionador noruego dio a conocer en entrevistas posteriores que llegó a ver la famosa luz: "No veía nada, solo oscuridad total. Luego apareció una luz azul y un túnel, era algo hermoso".

Solbakken llegó a confesar que cuando despertó deseaba seguir en aquel universo paralelo que le provocaba una sensación placentera. "Ay, no, ¿puedo quedarme ahí un rato más?", fue su pensamiento, según ha desvelado él mismo.El técnico estuvo 30 horas en coma y 14 días hospitalizado después de aquel episodio traumático.

Incluso, su madre confesó que subió al avión rumbo a Dinamarca pensando que no volvería a ver a su hijo con vida y que durante el vuelo llegó a planificar y a organizar el funeral. Sin duda, su vida cambió para siempre cuando aterrizó en Copenhague.Desde aquella experiencia, la forma de ver la vida de Solbakken ha cambiado considerablemente.

En las ruedas de prensa suele dejar mensajes positivos y asegura que intenta siempre estar de buen humor y no preocuparse por nimiedades. Es su forma de agradecerle a la vida que le haya obsequiado con esta segunda oportunidad.Como entrenador se hizo un nombre durante su etapa en el banquillo del Copenhague, precisamente.

Ganó ocho títulos ligueros de forma consecutiva y se hizo un fijo en cada edición de la Champions League. Justamente, su figura creció en un enfrentamiento contra el Barcelona de Guardiola cuando el de Sampedor elogió el trabajo de Solbakken al frente del equipo danés.Ahora, un cuarto de siglo después de aquel desvanecimiento, el fútbol –que un día estuvo a punto de arrebatárselo todo– le da la opción de hacer historia con su país.

Buscarán ante Brasil un puesto en los cuartos de final de un Mundial, algo impensable para esta nación nórdica donde afición y equipo reman juntos en una sola dirección.