Las imágenes de los soldados estadounidenses agasajados por los habitantes de la zona cero de la gran tragedia, selfies incluidos, han llenado de júbilo a sus jefes en Washington y en el centro de operaciones instalado en tierra venezolana. No se trata, ni mucho menos, del júbilo parisino que aclamó a las tropas aliadas luego de la liberación de Francia, pero lo interpretan como un termómetro del estado social, que no es en absoluto la felicidad que expone Donald Trump desde la Casa Blanca.