Los caboverdianos en Dock Sud celebraron haber perdido y hasta gritaron los goles argentinos
AVELLANEDA.— En el salón de la Sociedad de Socorros Mutuos Unión Caboverdiana de Dock Sud, donde decenas de familias siguen el histórico cruce entre la selección de su tierra natal y la del país que los acogió, el partido no parece obligar a elegir entre una identidad y otra. Mientras la pelota comienza a rodar en la cancha, el mate pasa de mano en mano.
Algunos visten la camiseta argentina; otros, la de Cabo Verde. Hay quienes encontraron una solución intermedia: llevan las dos.El partido se sigue con una concentración que sorprende.
Cuando Argentina desperdicia una chance clara, un “¡bien!” se escapa desde una mesa. Otra mujer mira a su compañera enseguida con cara de reproche, como si el festejo necesitara medirse.
Cuando la selección argentina convierte, sorprendentemente, el salón festeja. “Somos 100% argentinos y 100% caboverdianos”, explica a LA NACION Carlos Custodio, segunda generación de caboverdianos en la Argentina y dueño de un taller. El hombre, de 58 años, sigue el partido con una mezcla de realismo y orgullo. “Que sea una derrota digna y estamos bien.
Cabo Verde ya ganó con entrar al Mundial”, dice, poco antes de que a su alrededor todo se descontrole. Cuando el gol de la selección africana empata el partido, el lugar explota.
La gente se levanta, se abraza, festeja y grita: “Cabo verrr, vamos cabo ver”, sacudiendo su bandera de un lado a otro. Los aplausos retumban y desde el fondo un grito eufórico tapa por unos segundos todo lo demás.“Cuando seas grande vas a poder decir: Yo fui, yo estuve”, le dice una madre a su hijo, dejando claro que esto es histórico y que él está viviendo un hito de Cabo Verde.Falta un minuto para el final de los primeros 90 minutos y los caboverdianos reclaman una falta; se levantan nerviosos y gritan al árbitro: “hijo de yuta”.
Aplausos y festejos llegan por el paso al alargue. Saltan y gritan como si ya hubieran ganado el partido.El segundo gol de la Argentina, ya en el alargue, termina de desatar el festejo.
El salón vuelve a llenarse de gritos: “¡Gooool! ¡Vamos, Argentinaaaa!”.
En medio de los abrazos, una mujer que hasta ese momento había seguido el partido con la camiseta de Cabo Verde hace un gesto que resume la tarde: se la saca y deja al descubierto la camiseta de la selección argentina que llevaba debajo. Mientras camina entre las mesas, otra mujer sonríe: “Acá somos todos Argentina, esto es lo más lindo que hay”.
El orgullo por las raíces no desaparece, pero, cuando la pelota entra en el arco rival, aflora también el sentimiento por el país donde la mayoría nació, creció y construyó su vida.El tercer gol argentino vuelve a encender el salón. Algunos lo gritan y lo festejan con abrazos y aplausos.
Otros permanecen en silencio, con la vista clavada en la pantalla, nerviosos, aunque sonríen al ver la alegría de quienes los rodean. En la sede de la comunidad caboverdiana no hay lugar para la frustración: el orgullo por la histórica participación de Cabo Verde convive con la satisfacción del gol argentino.El pitazo final no marca el fin de la celebración.
Mientras algunos acomodan las sillas, otros preparan los parlantes y el salón vuelve a llenarse de música. La fiesta continúa con baile y comida, tal como estaba previsto antes de que empezara el partido. “Es histórico” “¡No importa que hayamos perdido, se festeja igual!”, grita una joven entre risas.
Nadie parece dispuesto a irse con la sensación de una derrota. En Dock Sud, el resultado quedó en un segundo plano.
Lo que se celebra es otra cosa: que, por primera vez, el país de los abuelos tuvo su lugar en un Mundial y que, por una noche, toda una comunidad pudo sentirse representada frente al mundo.“Haber llegado hasta acá ya es histórico”, dice la panadera Elvira Hernández, de 54 años, con la mirada fija en la pantalla de la televisión. La Argentina, explica, es su país, pero desde hace más de tres décadas comparte la vida con una familia de origen caboverdiano. “A través del Mundial, Cabo Verde quedó en el mapa.
Jamás hubieran imaginado estar en una Copa del Mundo. Eso ya los hace felices”, asegura.
Silvia Noemí Speroni, secretaria de la asociación, coincide: “Esto es un regalo”, afirma la mujer, de 64 años, casada durante décadas con un descendiente de caboverdianos y aún ligada a la comunidad por sus hijos y nietos. Entre los presentes no todos tienen sangre caboverdiana.
Muchos, como Silvia, llegaron a la asociación a través del barrio, de un matrimonio o de una amistad y, con los años, hicieron propia la historia de la colectividad. Más de un centenar de personas ya había colmado el salón durante el debut mundialista frente a España.
Este viernes, el encuentro genera una euforia particular. El partido volvió a reunir a la comunidad caboverdiana en su sede de Dock Sud, una de las tres instituciones que mantienen viva la colectividad en el país, que inició a asentarse en zonas portuarias como Dock Sud, Ensenada, Mar del Plata y Bahía Blanca hacia fines del siglo XIX, y encontró en este Mundial un nuevo motivo para reunirse.
Pablo Journe, abogado de 48 años y nieto de caboverdianos, resume el sentimiento que atraviesa a buena parte de la comunidad. “Es muy difícil de entender lo que pasa acá y en cada casa de caboverdianos. Se juntan la historia personal, la familia, los amores y la patria”, dice.
Sus abuelos nacieron en Cabo Verde, pero murieron en la Argentina. “Mi patria es Argentina, porque la patria es donde están tus muertos, donde los vas a llorar. Pero estoy partido al medio porque Cabo Verde es el recuerdo de mis abuelos, y el Mundial hizo que todo eso reviviera”.
Después de años alejado de las actividades de la colectividad luego de la muerte de su abuelo, cuenta que volvió a la asociación con el inicio del torneo. “El alma está con mis abuelos, pero el corazón está puesto en Argentina. No me puedo salir de mi patria”, concluye.El recorrido de Cabo Verde en el MundialPara el pequeño archipiélago africano, la clasificación ya representó un hito histórico.
Con unos 525.000 habitantes, Cabo Verde se convirtió en uno de los países menos poblados en disputar una Copa del Mundo.La selección cerró una actuación histórica en su primera participación mundialista. El equipo terminó su participación luego de haber conseguido tres empates ante España, Uruguay y Arabia Saudita, y de haber llegado con posibilidades de clasificación hasta la última fecha del Grupo H.
Información de La Nación. Edición y redacción: Noticias Today.
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