Se creía que esta especie de homínido, conocida por medir apenas un metro de altura, cazaba grandes animales y controlaba el fuego. Pero una nueva investigación sugiere que no fue así y cuenta una historia muy diferente.La cueva de Liang Bua o la cueva del hobbit, un yacimiento paleoetlógico donde se descubre al hombre de Flores o al Hobbit (Homo floresiensis). /Marko MilivojevicMarko MilivojevicUn grupo de investigadores de varias universidades de Estados Unidos publicó este viernes un estudio que intenta responder una de las preguntas más antiguas sobre el Homo floresiensis, conocido popularmente como el “hobbit” de Flores por su baja estatura.¿Cuál es esa pregunta?

Que, a pesar de medir apenas un metro de altura y tener un cerebro mucho más pequeño que el de los humanos modernos, varios hallazgos llevaron a pensar que era capaz de cazar grandes animales como el Stegodon, un elefante enano extinto, y de controlar el fuego. ¿Cómo era eso posible?

Lo que ahora plantean los investigadores, en un artículo publicado en Science, referencia de la mejor ciencia, es que probablemente no lo era. Luego de analizar miles de restos óseos hallados en la cueva de Liang Bua, en la isla indonesia de Flores, donde fueron encontrados tanto fósiles de H. floresiensis como de Stegodon con marcas de depredación, los científicos llegan a una conclusión muy distinta.Para determinar quién había dejado esas marcas en los huesos del elefante enano, el equipo llevó a cabo incluso un experimento con dragones de Komodo.

Alimentaron a uno de estos grandes reptiles con el cadáver de una cabra y analizaron las huellas que sus dientes dejaban sobre los huesos. Después compararon esas marcas con las presentes en más de 3.000 fragmentos de Stegodon recuperados en Liang Bua y con las producidas por herramientas de piedra.

Esa comparación permitió diferenciar con bastante precisión si un hueso había sido mordido por un dragón de Komodo o cortado por un homínido.Los resultados revelaron que la mayoría de las marcas corresponden a dientes de dragón de Komodo y no a herramientas fabricadas por H. floresiensis. Asimismo, esas mordidas aparecen sobre todo en los huesos que conservaban más carne, lo que indica, según el estudio, que los reptiles fueron los primeros en acceder a los cadáveres.En contraste, las pocas marcas de corte hechas por homínidos aparecen principalmente en partes del esqueleto con poco valor alimenticio o que probablemente quedaron abandonadas después de que los dragones consumieran la mayor parte del animal.Para los investigadores, esa distribución cambia por completo la interpretación tradicional del yacimiento.

En lugar de mostrar a un pequeño grupo de homínidos derribando grandes elefantes enanos, la evidencia sugiere que H. floresiensis habría aprovechado animales muertos o los restos dejados por los dragones de Komodo. Es decir, habría practicado carroñeo oportunista más que una caza organizada de grandes presas.

Los autores aclaran que esto no significa que nunca pudiera cazar, sino que, hasta ahora, no existe evidencia convincente que lo demuestre. Tampoco encontraron señales de armas de proyectil ni daños en los huesos compatibles con ese tipo de actividad.Pero no solo eso.

El estudio también cuestiona otra de las ideas más extendidas sobre esta especie: el uso del fuego. Los científicos inspeccionaron más de 10.000 restos óseos en busca de señales de combustión.

Solo encontraron un hueso de Stegodon con rastros de haber estado expuesto al fuego, pero todo indica, dicen, que se quemó mucho tiempo después, cuando la cueva ya estaba ocupada por Homo sapiens. Asimismo, analizaron miles de huesos de pequeños roedores.

En los niveles arqueológicos asociados con H. sapiens, alrededor del 20 % presentaba señales claras de combustión. En cambio, en las capas donde únicamente vivió H. floresiensis no apareció ni un solo hueso quemado.Según los autores, entonces, estos resultados indican que no existe evidencia sólida de que H. floresiensis controlara el fuego de manera habitual.

Si realmente consumía carne de Stegodon, probablemente la comía cruda, agregan. Esta conclusión resulta importante porque el dominio del fuego suele considerarse uno de los grandes hitos de la evolución humana, ya que permitió cocinar los alimentos, obtener más energía de ellos, protegerse de los depredadores y ampliar las actividades del homínido durante la noche.Los investigadores sostienen, entonces, que este trabajo obliga a replantear la imagen del “hobbit” de Flores.

En lugar de ser un homínido pequeño pero sorprendentemente avanzado, la evidencia lo describe como una especie con un repertorio tecnológico y conductual más limitado que el de los neandertales o el de Homo sapiens. Esto no significa, dicen, que fuera incapaz de fabricar herramientas o de adaptarse a su entorno, sino que probablemente no desarrolló conductas complejas como la caza de grandes animales o el uso controlado del fuego, capacidades que durante años se le habían atribuido.👩‍🔬📄 ¿Quieres conocer las últimas noticias sobre ciencia?

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