Lino Portillo: El sicario de los Arellano Félix que cazó a El Mayo

La detonación de fusiles AK-47 anunció la tragedia. Es septiembre de 1998 y el rancho El Rodeo en Ensenada, Baja California se convierte en escenario de una masacre.
Diecinueve personas muertas -incluyendo mujeres embarazadas y niños- rompen el código hasta entonces implícito entre narcotraficantes que blindaba a sus familias de la violencia con la que arrasa su lucrativo negocio. ¿Los responsables?
El Cártel de los Arellano Félix, en específico uno de sus pistoleros: Lino Portillo. Crónicas de medios de comunicación locales narran que entre las víctimas del ataque armado se encontraba Fermín Castro, un integrante del mismo Cártel de Tijuana que se encargaba del cultivo de marihuana en la zona, así como del resguardo de pistas de aterrizaje clandestinas.
Una supuesta deuda con el clan familiar que controlaba el tráfico de drogas en dicho corredor fronterizo habría motivado la tortura y asesinato no sólo de Castro, sino también de su familia. Aquel episodio quedó plasmado en la historia del narcotráfico en México como un parteaguas por su brutalidad, pero también se convirtió en la carta de presentación de aquel sicario que, bajo las órdenes de los Arellano Félix, estuvo a punto de cambiar el rumbo del hampa mexicano al intentar asesinar a uno de los capos más notorios del país: Ismael El Mayo Zambada.La historia de Lino Portillo Oriundo de Badiraguato, Sinaloa, Lino Portillo Cabanillas se involucró en actividades criminales a muy corta edad.
Según contó él mismo al periodista Alejandro Almazán, fue en quinto de primaria cuando abandonó la escuela bajo la falsa premisa de que tendría un futuro prometedor dentro de las filas de organizaciones delictivas que, entonces, comenzaban a proliferar en el noroeste de México. Si bien pudo sumarse a las filas del naciente Cártel de Sinaloa, Lino Portillo encontró su sitio en el de Tijuana iguiendo los pasos de su hermano Armando, quien llegó a desempeñarse como pistolero de Ramón Arellano Félix.
En entrevista con el citado comunicador, El Lino -como también era conocido- afirmó dedicarse a la compra venta de autos en Baja California, un oficio que también terminaría por acercarlo a la fuerza criminal entonces hegemónica del estado. Eran los años 80’s y, luego de la caída de los líderes del Cártel de Guadalajara, los hermanos Arellano Félix se adueñaron de la plaza de Tijuana.
Entonces, todo aquel grupo criminal que intentara utilizar el corredor fronterizo bajo su control para contrabandear drogas a Estados Unidos estaba obligado a pagarles una cuota, incluyendo los sinaloenses.Joaquín El Chapo Guzmán e Ismael El Mayo Zambada, quienes comenzaban a sentar las bases de la que se llegaría a convertir en la organización narcotraficante más grande del mundo, mantuvieron una relación cordial con los Arellano Félix hasta que la ambición y las traiciones se hicieron presentes. Entonces, se detonó la violencia.
La disputa de los Arellano Félix y el Cártel de Sinaloa La lucha por el control del narcotráfico entre el Cártel de Sinaloa y el de los Arellano Félix dejó a su paso una estela de violencia de la cual ya no hubo vuelta atrás. Desde el asesinato de los hijos y la esposa de Héctor El Güero Palma, el magnicidio del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo y hasta el uso de ‘coches bomba’ formaron parte de una disputa que detonó una noche de 1988 a las afueras de un centro nocturno de Tijuana.
Múltiples reportes periodísticos narran que aquel día, a un festejo orquestado por los hermanos Arellano Félix llegó Armando López Esparza, alias El Rayo, un viejo socio de El Mayo y El Chapo. Bajo los efectos del alcohol, el aliado de los cofundadores del Cártel de Sinaloa llevó a cabo desmanes a las afueras del establecimiento luego de que le negaran la entrada por no presentar invitación.El embrollo logró captar la atención de Ramón, el hermano más violento de los Arellano Félix quien no dudó en sacar su arma de fuego y detonarla en contra de El Rayo, a quien remató ya en el suelo.
El asesinato de su amigo desató la furia del Chapo Guzmán, quien declaró la guerra al Cártel de Tijuana pese a que El Mayo aún buscaba conciliar. La intención de negociar del también llamado Señor del Sombrero llegó el 26 de febrero de 1990 cuando, de acuerdo con crónicas de medios de comunicación locales, fue objetivo de un ataque armado mientras circulaba en un vehículo por calles de Tijuana.Después de aquel suceso la rivalidad entre los hermanos Arellano Félix y el Cártel de Sinaloa estalló y ambos grupos criminales se vieron obligados a recurrir a sus mejores pistoleros.
Por parte de El Mayo Zambada el ascenso de jefes de seguridad como los hermanos Manuel y Javier Torres Félix o Gonzalo Inzunza Inzunza -alias Macho Prieto- dejaba crudos episodios de violencia, mientras que en el Cártel de Tijuana un joven Lino Portillo se hacía su propia reputación. Lino Portillo y el intento de asesinato del Mayo Zambada Secuestros, homicidios, enfrentamientos armados y múltiples hechos de violencia comenzaron a formar parte de la trayectoria criminal de Lino Portillo.
Asimismo del multihomicidio del rancho El Rodeo, también fue involucrado con la ejecución de 12 hombres -incluyendo niños- ocurrido en la comunidad de El Limoncito en el norte de la sierra de Sinaloa. Según contó una fuente al periodista Alejandro Almazán, El Lino habría cometido dicha agresión en venganza por el asesinato de su hermano, para que El Mayo supiera lo que significaba que le mataran a un familiar.
Ninguna de las personas asesinadas en El Limoncito tenían parentesco con el cofundador del Cártel de Sinaloa sino que se trataban de trabajadores de sus campos de marihuana, aún así el episodio quedó marcado en el historial criminal del pistolero junto con su intención por terminar con el cofundador del Cártel de Sinaloa. Fue el fundador del semanario ZETA Tijuana, Jesús Blancornelas, quien en una crónica narró cómo fue el mismo Ramón Arellano Félix quien ordenó a tres de sus sicarios asesinar a El Mayo Zambada por presuntamente negarse a pagarles una deuda de 20 millones de dólares.
Al frente de dicha comitiva de pistoleros se encontraba Lino Portillo, cuyo plan se vio frustrado luego de que dos de los pistoleros se enemistaron y uno terminó matando al otro dentro de un vehículo el día que se disponían a ir por el Señor del Sombrero. Según describió el citado periodista, el fracaso de esa operación orilló al líder del Cártel de Tijuana a ofrecer una recompensa de un millón de dólares y una tonelada de marihuana para quien lograra concretar el objetivo.
El rol del Macho Prieto como jefe de seguridad del Mayo impidió que los Arellano Félix lograran su cometido al tiempo que la presión por arrestar -o matar- a Lino Portillo también crecía. Fue el periodista Javier Valdez quién comunicó que, para 2003, sobre el pistolero ya pesaban, al menos, 50 órdenes de aprehensión giradas en cinco estados: Baja California, Sonora, Sinaloa, Durango y Chihuahua.
Su suerte no tardaría en agotarse. La venganza contra Lino Portillo Un disparo en el glúteo le impidió al pistolero de los Arellano Félix eludir su arresto el 1 de febrero de 2003.
La herida era resultado de una confrontación con pistoleros del grupo rival días antes, por lo que Lino Portillo buscó refugiarse en Badiraguato hasta donde autoridades siguieron su rastro. Su amplio historial delictivo lo llevó a ser recluido en el Penal de Aguaruto donde en más de una ocasión negó ser la persona que los expedientes judiciales describían al tiempo que solicitaba protección.
Si bien por su lesión pasó unos días resguardado en la enfermería del centro penitenciario, una vez que sanó su destino lo alcanzó. Tan sólo 27 días después de su arresto, el cuerpo de Lino Portillo fue localizado colgado con un cable eléctrico en el interior de su celda.
El entonces procurador de Sinaloa, Óscar Fidel González Mendívil, comunicó que se desconocía si se trataba de un suicidio o un homicidio, no obstante, una serie de hechos suscitados previo y después a la muerte del pistolero de los Arellano Félix terminarían por apuntar a las rencillas que sostenía con el Cártel de Sinaloa. Desde su arresto y hasta dos semanas después de la muerte de Lino Portillo fueron asesinados, al menos, siete de sus familiares en Sinaloa.
Entre primos, tíos y sobrinos, los rivales del pistolero del Cártel de los Arellano Félix cobraron su venganza.Lino Portillo fue considerado en el hampa de México como uno de los enemigos más aguerridos del Mayo Zambada. Pese a no acumular la fama de otros miembros del crimen organizado en el país, su historia es un recordatorio no sólo de las implicaciones que tiene pertenecer a dicho entorno sino también de como la brutalidad de ciertos personajes recrudeció la violencia que, hasta la actualidad, no ha dado tregua en el país.
ATJ
Información de Milenio (México). Edición y redacción: Noticias Today.
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