SANTA FE.— Buscar en internet qué significa un síntoma o intentar confirmar un diagnóstico con una búsqueda en Google se convirtió en un hábito cotidiano para millones de personas . La irrupción de la inteligencia artificial aceleró aún más este fenómeno: hoy basta con escribir una serie de síntomas en un chatbot para obtener una lista de posibles enfermedades.

No obstante, especialistas advierten que esta práctica puede generar ansiedad, favorecer la automedicación e incluso retrasar el diagnóstico correcto. El tema fue abordado recientemente por el médico internista español Manuel Díaz-Rubio, presidente de honor de la Real Academia Nacional de Medicina de España (RANME), en una entrevista publicada por La Voz de la Salud, el portal sanitario de La Voz de Galicia, donde analizó c ómo cambió la relación entre médicos y pacientes en la era digital.

Un paciente cada vez más informado, pero también más expuesto a la desinformación Para Díaz-Rubio, el acceso masivo a internet modificó profundamente el comportamiento de quienes consultan al médico. En la entrevista concedida a La Voz de la Salud, el especialista afirmó que hoy los pacientes llegan a la consulta con un nivel de información impensado hace algunas décadas y que, una vez que reciben un diagnóstico, suelen continuar investigando por su cuenta.

"Estoy convencido de que el paciente llega a casa y busca el diagnóstico que le acabo de dar en internet", aseveró el médico español. Según explicó, esa búsqueda no siempre representa un problema.

El acceso a información médica puede ayudar a comprender mejor una enfermedad, conocer avances científicos o entender el tratamiento indicado. No obstante, el riesgo aparece cuando esa información se interpreta sin el contexto adecuado o proviene de fuentes poco confiables.

Díaz-Rubio advirtió que algunas personas terminan modificando por su cuenta los tratamientos o incorporando medicamentos, suplementos o prácticas que encontraron en internet, sin consultar previamente con un profesional. En ese escenario también aparece otro fenómeno creciente: la denominada "autoexperimentación".

Se trata de personas que prueban dietas extremas, combinaciones de suplementos nutricionales o sustancias promocionadas en redes sociales con la expectativa de mejorar su salud o potenciar el rendimiento físico y mental. El especialista recordó que muchas de esas mezclas nunca fueron evaluadas científicamente en conjunto y que, por lo tanto, se desconocen sus posibles efectos adversos.

Asimismo, indicó que internet permite acceder a productos comercializados desde distintos países, algunos sin controles sanitarios adecuados, lo que incrementa los riesgos para la salud. La llegada de herramientas de inteligencia artificial generativa agregó un nuevo componente a esta realidad.

Hoy es posible describir síntomas a un sistema automatizado y obtener en segundos un listado de enfermedades probables. Aunque estas plataformas pueden ofrecer información orientativa, diversos especialistas coinciden en que no deben utilizarse como sustituto de una consulta médica.

Tecnología, relojes inteligentes y el desafío de mantener la relación médico-paciente Otro cambio que observa Díaz-Rubio es la enorme cantidad de datos que hoy generan los dispositivos personales. Relojes inteligentes, pulseras deportivas y aplicaciones móviles registran frecuencia cardíaca, saturación de oxígeno, calidad del sueño, actividad física y otros parámetros de manera permanente.

Para el especialista, estos dispositivos pueden ser muy útiles cuando forman parte de un seguimiento indicado por un profesional, por ejemplo en pacientes con enfermedades cardiovasculares o determinadas patologías crónicas. No obstante, explicó que muchas personas llegan al consultorio con meses de registros esperando que el médico analice toda esa información.

El problema, remarcó, es que la mayoría de los usuarios no cuenta con la formación necesaria para interpretar correctamente esos datos y distinguir cuáles tienen relevancia clínica y cuáles no. Como consecuencia, muchas veces aumenta la preocupación del paciente sin que exista un problema de salud real.

El internista describió este cambio con una frase que resume la evolución de las consultas médicas: antes los pacientes acudían con un conjunto de síntomas; ahora, asimismo, llegan con un "saco de datos" provenientes de aplicaciones y dispositivos electrónicos. A pesar de esta transformación tecnológica, Díaz-Rubio considera que la relación médico-paciente continúa siendo el eje de la práctica médica.

En su opinión, el profesional sigue teniendo un papel insustituible porque no solo interpreta estudios y síntomas, sino que integra la historia clínica, el examen físico, los antecedentes y el contexto particular de cada persona para arribar a un diagnóstico. También remarcó que la medicina requiere habilidades que ninguna plataforma puede reemplazar completamente, como la empatía, la capacidad de escuchar y la comunicación con el paciente.

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