Sin luna de miel

El consenso sobre el futuro gobierno de Keiko Fujimori es que no va a gozar de la luna de miel que usualmente disfrutan los nuevos presidentes debido a la complicada transición, el embate del Fenómeno de El Niño y la criminalidad. Y, aunque coincido en que es verdad, creo que no es una mala noticia y que, más bien, otros sectores que han visto con alegría y/o alivio el triunfo de Fuerza Popular deberían esforzarse por garantizar que esa luna de miel no exista.
A la necesidad de hacerle la vida un poco más difícil al régimen fujimorista, está llamada la prensa que la apoyó abiertamente durante la segunda vuelta, los gremios empresariales que se sumaron a las infundadas denuncias de fraude en la primera vuelta y las fuerzas políticas con presencia en el Congreso bicameral. Y no hablo de oposición obstruccionista, como la que ha ejercido Fuerza Popular en los últimos quinquenios desde el Parlamento, o a protestas masivas como las que convoca Roberto Sánchez, sino de una resistencia democrática basada en los propios antecedentes de este grupo político, que ha demostrado muy poca mesura en su manejo del poder.
Recordemos, por ejemplo, su proclividad a nombrar en cargos importantes –como el directorio del BCR– a personas sin experiencia, la censura a ministros con trayectorias intachables por ajustes de cuentas políticos, o su apoyo a incrementos irresponsables del gasto fiscal. Desde lo positivo, lo más probable es que Fujimori coloque a rostros en el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) y en la Presidencia del Consejo de Ministros (PCM) que inspiren confianza y logren que se abran los diques de la inversión privada.
Saludable es también que, con un gobierno percibido como más responsable en materia macroeconómica, Julio Velarde podría finalmente cumplir su deseo de retirarse del Banco Central de Reserva (BCR) y pasarle la posta a un funcionario de carrera de su confianza. Pero creo que sería irresponsable que el alivio que muchos sienten porque se ha evitado el caos que traía bajo el brazo Sánchez se convierta en amnesia sobre de qué pie cojean Fuerza Popular y Keiko Fujimori en materia de meritocracia, respeto a las instituciones democráticas, al balance de poderes y a los derechos humanos.
Ojalá Fujimori entienda que lo que está en juego es la supervivencia de su partido, diseñado para llevarla a la presidencia, pero que ahora tendrá que aprender no solo cómo utilizar el poder con moderación y cuidado, sino, esperemos, cómo compartirlo.
Información de El Comercio (Perú). Edición y redacción: Noticias Today.
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