La tradición alfarera de Mata Ortiz y su monumento al trofeo del futbol

No hubo silbatazo inicial ni tribunas repletas, pero por unos minutos el balón pasó a segundo plano. En pleno Distrito 1 de la ciudad de Chihuahua, la atención se concentró en una monumental réplica del trofeo más anhelado del futbol, una pieza que cambió el césped por la cerámica y que convirtió la pasión mundialista en un escaparate para el talento artesanal de Mata Ortiz.
Con una altura cercana a los cuatro metros y medio, la obra "Hilos Mágicos de Chihuahua" fue develada por la Secretaría de Turismo estatal, en coordinación con el Gobierno Municipal de Casas Grandes, como parte de una estrategia para difundir el patrimonio cultural de los cinco Pueblos Mágicos de la entidad. Como sucede antes de un partido importante, las miradas comenzaron a levantarse desde la base hasta la cúspide.
Sólo que, en lugar de encontrar un balón, apareció una esfera decorada con patrones geométricos inspirados en la tradición cerámica de Mata Ortiz, reconocida internacionalmente por rescatar el legado de la antigua cultura de Paquimé. La pieza no pretende ser únicamente una reproducción del trofeo que cada cuatro años obsesiona a millones de aficionados.
Su propuesta consiste en utilizar esa silueta universal para narrar otra historia: la de un estado cuya identidad también se construye desde el barro, los hornos y el trabajo artesanal. Cada sección incorpora elementos visuales que remiten al desierto chihuahuense, a las formas geométricas características de Paquimé y a las técnicas desarrolladas durante décadas por las familias alfareras de Mata Ortiz, comunidad considerada uno de los mayores referentes de la cerámica contemporánea en México.
La base fue realizada por el Colectivo Mesoari, integrado por Héctor López García, Ruby López Vargas y Lucía Vargas Bencomo, mientras que la esfera fue intervenida por el maestro artesano Tati Eleno Ortiz, quien trasladó a gran escala el estilo que ha dado prestigio internacional a esta tradición. Asimismo del homenaje a Mata Ortiz, la obra incorpora referencias a los cinco Pueblos Mágicos de Chihuahua: Batopilas, Casas Grandes, Creel, Guachochi y Parral, integrándolos en una narrativa visual que busca representar la diversidad cultural del estado.
El resultado recuerda esas jugadas en las que el futbol sirve como punto de encuentro para historias mucho más amplias. En este caso, el trofeo deja de ser únicamente un símbolo deportivo para convertirse en un lienzo que habla de identidad, territorio y memoria colectiva.
Mientras el mundo comienza a mirar nuevamente hacia el balón con la cuenta regresiva rumbo a la próxima Copa del Mundo, Chihuahua decidió jugar otro partido: el de mostrar que detrás de una figura reconocida en cualquier cancha también puede existir una historia hecha de barro, pigmentos, tradición y manos artesanas. Porque, al final, algunos levantan copas después de marcar un gol.
Mata Ortiz eligió levantar una desde la cerámica para recordar que también hay victorias que se moldean pieza por pieza.
Información de Excélsior (México). Edición y redacción: Noticias Today.
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