“Mamá, los soldados me dispararon”. Esas fueron las últimas palabras que Anwaar al Haymuni, de 29 años, escuchó pronunciar a su hijo, con un hilo de voz.

El pequeño Ayman tenía apenas 12 años. Podría haber sido un día cualquiera de febrero en la vida de este niño palestino, que visitaba a su abuelo junto a su madre y a su hermano menor.

Los dos niños salieron a la calle, una escena cotidiana y aparentemente sin riesgos. Pero no en Hebrón, en el sur de Cisjordania.

Cuando comenzaron a caminar, vieron que soldados israelíes llevaban a cabo una redada en la ciudad. Asustados, se dieron la vuelta para regresar, pero no tuvieron tiempo.

Los militares abrieron fuego y Ayman cayó al suelo.Seguir leyendo