"La familia de Octavio Bunge", un libro para entrar en la gran cocina de la historia argentina

SANTA FE.— Eduardo José Cárdenas es abogado, ex juez de familia, escritor y fotógrafo. Ejerció la docencia en la Universidad Católica Argentina y en la Universidad de Buenos Aires.
Junto a Carlos Payá publicó “En camino a la democracia política: 1904-1910” (1980), “El primer nacionalismo argentino en Manuel Gálvez y Ricardo Rojas” (1978), “Emilio Becher. De una Argentina confiada hacia un país crítico” (1979), y “La familia de Octavio Bunge” (1995).
Recientemente, Eudeba reeditó este último libro, motivo de la conversación con El Litoral. Asimismo, es el autor de los libros “La familia y el sistema judicial” (1988), “Familias en crisis” (1992), “Violencia en la pareja” (1999) y “El cliente negocia y el abogado asesora” (2004).
Aún permanece inédita su biografía del presidente Ramón S. Castillo.
Sorpresas -¿Cómo fue el trayecto que derivó en la construcción de “La familia de Octavio Bunge”? ¿De qué modo operó el factor sorpresa? -El camino del historiador es muy azaroso porque te encontrás con sorpresas a cada rato.
Lo mismo pasa con la vida. Nos vamos encontrando con sorpresas.
Y así sucede con los personajes que uno habita, porque la relación del historiador con los personajes es muy vital cuando se escriben biografías de familia. Me ha pasado con cosas gratas y otras más difíciles.
Emilio Becher era un literato de principios del siglo XX que en sus orígenes era un hombre del socialismo liberal optimista. Cuando escribimos su biografía, notamos un Emilio Becher quebrado, desengañado de la vida.
Un día, en la Biblioteca Nacional, encuentro en una revista literaria un artículo firmado por él. Era la respuesta a mi inquietud: se quebró por un problema amoroso que lo dejó tambaleando.
Esto fue una confirmación. La sorpresa fue encontrarlo.
Cuando nos metimos con la familia Bunge, con Carlos Payá ya habíamos escrito una biografía de Manuel Gálvez junto a la de Ricardo Rojas, autores de libros pioneros en el nacionalismo argentino. Pero tropezamos con casualidades: Manuel Gálvez estaba casado con Delfina Bunge.
Él era un hombre descreído cuando se casó, pero Delfina era una mujer de una religiosidad muy intensa. Manuel Gálvez se convirtió para conquistarla.
Él estaba enormemente enamorado porque ella era una rara avis entre las mujeres del Buenos Aires del high class . Victoria Ocampo era otra excepción.
Delfina saca un premio en París con un artículo que escribe en una revista francesa. Nosotros empezamos a investigar por ese lado y nos encontramos con que Delfina tenía un diario escrito desde los quince años.
Era un diario espiritual, artístico, pero también está reflejada la vida económica, social y política de la época. Y, por supuesto, la vida familiar.
Cuando terminamos la obra de Gálvez y Rojas (y escribimos también la de Becher), estábamos focalizados en que la familia -ese ser intermedio que conecta los individuos y la gran sociedad-, era una fuente inspiradora notable. Tres generaciones -Asimismo, hubo un copioso caudal epistolar. -A este diario se le agregaron cartas porque los Bunge son prolíficos.
Son como conejos en ese aspecto, y nos regalaban cajones de manzana que había en las estancias, en los baúles y en los altillos con cartas del siglo XIX, diarios íntimos, diarios de viaje. Nosotros teníamos que clasificarlo todo.
Era una fuente de vida porque la gente escribía muchas cartas en esa época. Decidimos escribir la vida de la familia Bunge porque está situada “en la guía telefónica” de una forma muy linda para el historiador.
Ningún Bunge fue presidente de la Nación, pero todos influyeron muy poderosamente en la vida política, social, científica y literaria del país. No fueron una familia rica, pero estaban ubicados en la clase alta porteña y tuvieron contacto por todos lados.
Son como un sol que irradia o, por lo menos, que es irradiado. El alemán (Carlos Augusto) Bunge, hijo de un pastor protestante, viene de una familia muy bien situada en el comercio.
En esa época los comerciantes extranjeros de cierta importancia mandan sus delegados a Buenos Aires y se funda el Club de Residentes Extranjeros. El alemán Bunge se casa con una criolla: Genara Peña Lezica.
Esta es la primera generación que estudiamos. Tienen ocho hijos, de los cuales el último es (Raimundo) Octavio Bunge, el padre de la última generación, de la tercera.
La segunda generación ya es brillante. Son estancieros, políticos.
Uno es intendente de Buenos Aires dos veces, el arquitecto que hizo la Penitenciaría en la calle Las Heras y la Iglesia de Santa Felicitas en Barracas. Estos alemanes tenían como objetivo no solamente instalarse en Buenos Aires, sino educar a sus hijos en el amor a la naturaleza, a la música y al estudio.
Todo lo que hace un Bunge junior es jugar aprendiendo. Pero no eran gente aburrida, todo lo contrario.
Les encantaba estudiar cómo salía una plantita en el jardín, si había que regarla, si no había que regarla. Todo lo escribían, lo compartían y lo estudiaban.
La tercera generación es la de los nacidos alrededor de 1880, los
Información de El Litoral (Santa Fe). Edición y redacción: Noticias Today.
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