La calidad del aire que respiramos, lo otro que no podemos descuidar con El Niño

La llegada del fenómeno de El Niño no solo afecta la disponibilidad de agua y pone en riesgo la generación de energía, también influye en la calidad del aire debido al mayor riesgo de incendios forestales. ¿Qué se debe hacer para evitar las partículas que pueden entrar en nuestro organismo?El humo de los incendios cubrió el cielo de la ciudad de Rio Branco, en Acre.Odair LealEn las últimas semanas, el Fenómeno de El Niño ha sido protagonista en varios medios de comunicación.
El 11 de junio, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA, por sus siglas en inglés) confirmó que las temperaturas de la superficie del mar en el Pacífico registraron al menos 0,5 grados Celsius por encima del promedio durante varios meses consecutivos, lo que significa que el evento ya se consolidó. Durante El Niño, en diferentes regiones prevalecen condiciones más cálidas y secas.
Por esto, en Colombia, por ejemplo, el Ideam aseveró que el fenómeno podría aumentar la probabilidad de disminución de las lluvias respecto a los promedios históricos, sobre todo en las regiones Caribe, Andina y Pacífica. Asimismo, es probable que aumente la temperatura, haya reducción de caudales y niveles de embalses, y afectaciones al abastecimiento de agua, la agricultura, la generación hidroeléctrica y los ecosistemas. (Lea: Las temperaturas de la superficie del mar a nivel mundial baten récords para esta época)Todas estos efectos también crean condiciones favorables para los incendios, que durante este fenómeno se vuelven más frecuentes, así como los “episodios puntuales de deterioro de la calidad del aire”, indicó el Ideam.
La razón es que los incendios son fuentes importantes de material particulado, especialmente las de 2.5 micras (PM 2.5), unas microscópicas partículas contaminantes presentes en el aire, que son hasta 30 veces más delgadas que un cabello humano. Cuando hay quema de materia orgánica (como madera, residuos agrícolas, o desechos forestales), conocido como “combustión de biomasa”, se liberan grandes cantidades de PM2.5, “lo que provoca una grave degradación de la calidad del aire y una notable amenaza para la salud pública”, como explica un estudio publicado el año pasado en la revista Atmospheric and Oceanic Science Letters.Esa investigación analizó los impactos de los fenómenos de El Niño y La Niña (cuando hay más lluvias, y una temperatura del mar más baja) en las emisiones globales y las concentraciones de PM2.5 que generaron los incendios registrados entre 2000 y 2023.
Lo que encontraron es que durante los eventos de El Niño, la cantidad de contaminantes liberados por incendios forestales y quemas aumenta a escala mundial, pero no de la misma manera en todos los lugares. En América del Norte, las concentraciones de PM2.5 durante los incendios aumentan sustancialmente entre un 49,2 % y un 116,5 %; en Australia entre un 17,5 % y un 42,6 %, y en Indonesia entre un 27,5 % y un 71 %.
La razón principal es el calentamiento y el déficit de lluvias. Cuando hay fenómeno de La Niña ocurre lo contrario: hay disminuciones de PM2.5 del 19,4 % al 37,3 %, del 14,5 % al 24,4 %, y del 26,6 % al 52,5 % en estas regiones, respectivamente.(Lea: Publicaron fotos de esta avispa en las redes sociales.
Resultó ser una nueva especie)Otro estudio que se centró en el caso de China durante El Niño de 2015 también encontró que este fenómeno tuvo efectos significativos en la contaminación del aire en el oriente de ese país, especialmente en la región de la Llanura del Norte de China, incluida Pekín, “donde la contaminación por aerosoles aumentó significativamente en la ya muy contaminada capital de China”, señalan los autores. La Organización Mundial de la Salud (OMS) añade que ese mismo año la calidad del aire en seis países del sudeste asiático se vio afectada por incendios forestales exacerbados por la sequía asociada a El Niño.
Uno de los casos más significativos fue el de Indonesia, donde se declaró el estado de emergencia debido a la peligrosa calidad del aire. El programa MODIS de la NASA calculó que entre el 1° de enero y el 1° de noviembre de ese año se registraron 119.072 grandes incendios forestales en ese país.
Una de las oficinas de la ONU estima que los incendios originados en Indonesia en 2015 afectaron a 43 millones de personas, 500.000 de las cuales recibieron tratamiento para enfermedades respiratorias. Asimismo, se quemaron más de 2,6 millones de hectáreas de terreno y los daños económicos ascendieron a cerca de USD 16.100 millones.Este humo tóxico generado por los incendios contenía monóxido de carbono, cianuro, amoníaco y formaldehído en concentraciones que superaban los límites seguros para la salud, según la oficina de la ONU, UNOPS.
Las partículas, aseguraron, eran tan diminutas que penetraban en los pulmones y se introducían directamente en el torrente sanguíneo, lo que provocaba un aumento del riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, malformaciones congénitas, bajo peso neonatal y en ocasiones la muerte.También ocurre en la AmazoníaEstos casos no son ajenos a la Amazonía, una región fuertemente golpeada por El Niño. La sequía de 2005 afectó al suroeste, mientras que la de 2010 causó problemas en el norte y el sur.
No obstante, la sequía de 2015 afectó una zona mucho más extensa, incluyendo más del 80 % de la Amazonía, y se extendió desde septiembre de 2015 hasta mayo de 2016 (entre la estación seca y la lluviosa). Un estudio publicado en la revista Environmental Pollution, señala que la quema de biomasa en esta región en 2015 aumentó un 192 % y un 332 % en comparación con diciembre de 2005 y febrero de 2010, respectivamente. “La sequía de 2015 fue considerada la más extrema desde 1901 y es posiblemente la primera que se ha vinculado al aumento de la quema de biomasa en áreas que rara vez se ven afectadas por incendios, como la Amazonía central”, dicen los autores.
La situación se volvió a repetir en 2024 (también hubo fenómeno de El Niño), cuando más de 17 millones de hectáreas de selva amazónica —una superficie aproximadamente del tamaño de Uruguay— se vieron afectadas por incendios forestales, de acuerdo con la organización Amazon Watch.Esto sucede, en parte, porque “los bosques húmedos tropicales no evolucionaron con la presencia permanente del fuego, como puede ser el caso en otros ecosistemas. Por eso carecen de rasgos funcionales para tolerarlo y basta una sequía severa para que pasen de ser no inflamables a altamente inflamables”, explicaba Dolors Armenteras, investigadora del Instituto de Ciencias Forestales del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España, en este artículo sobre los efectos del fenómeno en la Amazonía.
Una situación que afecta la saludLos incendios forestales no solo afectan a los ecosistemas, también influyen en la salud de las personas, como quedó evidenciado en los datos de la UNOPS con los incendios de Indonesia. “Los contaminantes del aire entran a hacer parte del ciclo respiratorio de las personas, afectando la capacidad y calidad de la oxigenación, pero asimismo con potencial de afectar diferentes órganos dependiendo de la carga y tipo de partículas (pulmones, piel, ojos)”, explica Carlos Mauricio Herrera, director de Conservación y Gobernanza de WWF Colombia.Las partículas PM2.5, por ejemplo, pueden penetrar profundamente en el sistema respiratorio, causando enfermedades cardiovasculares y respiratorias. Para la OMS, la inhalación de humo de incendios constituye un grave problema de salud pública.
Por esto, una de las principales recomendaciones del Ideam ante este nuevo fenómeno de El Niño es garantizar la operación continua de los Sistemas de Vigilancia de Calidad del Aire para comunicar oportunamente a la población sobre su estado. “Por otro lado, se deberá evaluar la restricción de actividades industriales contaminantes, permisos de carbón vegetal e incineradores cuando persistan riesgos”, indicó hace unos días el Ideam. También hizo varias recomendaciones para hacerle frente a los incendios forestales que se pueden registrar en este fenómeno de El Niño: implementar sistemas de alerta temprana y planes de respuesta rápida, prohibir quemas abiertas en áreas de importancia ambiental, fortalecer el monitoreo satelital de puntos de calor y apoyar a los cuerpos de bomberos y brigadas forestales comunitarias.Estas acciones se suman a otras enfocadas en la gestión del agua, la energía y la protección y manejo de animales silvestres, que también se pueden ver afectados por incendios y estrés climático.
Se espera que este fenómeno se fortalezca durante el segundo semestre de 2026 y persista hacia finales de este año e inicios de 2027. Los análisis técnicos señalan que existe un 96 % de probabilidad de que las condiciones persistan durante noviembre y diciembre de 2026 y enero de 2027, y un 63 % de probabilidad de que ese sea su periodo más fuerte.Como indicó el Ministerio de Ambiente, “de concretarse este escenario, podría configurarse uno de los fenómenos de El Niño más intensos registrados desde 1950”.
Información de El Espectador (Colombia). Edición y redacción: Noticias Today.
Ver publicación original ↗
💬 Comentarios (0)
Iniciá sesión o creá tu cuenta para comentar.