SEÑOR DIRECTOR:El reciente informe del INE expone una realidad que trasciende la estadística oficial: estamos rozando el millón de personas desocupadas. Hoy, 981.315 chilenos se encuentran cesantes o buscan empleo por primera vez.

La tasa de desocupación ya se instaló en un 9,4% a nivel nacional, y castiga con un 10,5% a las mujeres. Detrás de estos números existe lo que bien podríamos llamar “un millón de dolores”.

La literatura económica y sociológica es contundente respecto al efecto devastador y estructural que tiene la falta de ingresos formales en el bienestar de las familias. Esto configura una verdadera emergencia nacional.Más preocupante aún es cómo el mercado se deteriora.

Mientras se destruye empleo asalariado formal (-1,7%), los chilenos se ven forzados a refugiarse en la informalidad, la cual ya abarca al 27,0% de los ocupados, superando los 2,5 millones de trabajadores. En este contexto sin crecimiento ni dinamismo en la demanda, hacer llamados a no despedir trabajadores carece de soporte práctico.

Aunque la crisis sea la herencia de más de una década de políticas negativas hacia el empleo formal, es la realidad que le tocó administrar a este gobierno.Proponer planes a largo plazo es insuficiente cuando la urgencia es hoy. Para tomar medidas y definir políticas parece conveniente mirar poco el espejo retrovisor, para hacerse cargo de lo que se debe recorrer.

Como se puede decir, la política y el fútbol deben ser sin llorar.Hugo Lavados MontesEx ministro de Economía. Profesor Centro de Políticas Públicas Fac. de Economía, Negocios y Gobierno USS