"En los pueblos pequeños se confía en la gente y supongo que la cosa fue por allí", cuenta uno de los testimonios. "Todavía está muy reciente.

Seguimos pensando cómo ha podido pasar, porque no escuchamos a la gente que nos lo decía. Yo sigo sin creérmelo", explicará otro un poco más adelante.

Estos son algunos de los primeros fragmentos de las declaraciones mirando a la cámara que vemos y escuchamos en Instinto maternal, el true crime documental de Netflix estrenado el 12 de junio y que se ha convertido en uno de los éxitos globales de la plataforma.Ha llegado a ser el número uno de la lista de los largometrajes en inglés de Netflix y ya en su primera semana llegó a registrar 25,5 millones de reproducciones, según los datos que facilitó la misma compañía de streaming. Esta semana aún era el quinto en la lista del top 10 de lo más visto, ocupando el décimo lugar en España.El caso real es el de la joven de 27 años Taylor Parker.

Residente en aquellos momentos en New Boston, Texas, una pequeña población rural con un censo de poco más de cuatro mil habitantes, el 9 de octubre llamó a urgencias. Acababa de ponerse de parto y necesitaba una ambulancia.

Desesperada y errática en sus palabras, según el testimonio del agente de policía que la encontró, parada en el arcén y dentro de su coche, tenía al bebé en el regazo aún con el cordón umbilical. Pero también había un primer indicio raro, no había rastro alguno de sangre.

Una vez en el hospital se confirmó la sospecha, Taylor no había tenido ningún parto, ni siquiera había estado embarazada.Lo que sigue a continuación, y para quiénes no lo hayan visto, seré más o menos cauto en cuanto a spoilers y detalles, da para una hora y media de metraje en un relato que si hubiera surgido de la imaginación de unos guionistas de Hollywood nadie le hubiera dado crédito, o fácilmente habrían calificado a su personaje central de inverosímil. Así es de enrevesada y difícil de creer su trama y protagonista.

Incluso para aquellos que sepan de que va el suceso real les resultará increíblemente perturbador conocer los pormenores y distintos giros.¿Vale la pena 'Instinto maternal'?El true crime dirigido por Jessica Dimmock (de la miniserie documental Cautivando a la audiencia: Una historia de terror) muestra numerosas grabaciones policiales auténticas e imágenes del interrogatorio, asimismo de las habituales entrevistas a las personas relacionadas con Taylor. Es un documental rutinario en su narración, pero lo suficientemente espeluznante, sobrepasado por una historia inaudita ocurrida en esa América profunda, como para mantenernos enganchados a la pantalla sin remedio.También va resultando relativamente fácil anticiparse a lo que estaría ocurriendo incluso, a medida que aparecen más personajes, saber a qué brutal desenlace nos acercamos (y aquí abro paréntesis para un pequeño spoiler: los amantes del terror encontrarán ciertos paralelismos con una sangrienta película francesa de culto).

No obstante, nada de ello es obstáculo para que queramos saber más.Está el retrato de Taylor, una muchacha apasionada, alegre y encantadora, activa en las redes sociales y buscando ser el centro de atención y agradar a los demás, así como su lado más oscuro. Una mente desquiciada ("síndrome del lóbulo frontal", alegó en parte la defensa), ensimismada en sus obsesiones y mentiras, abocada a cometer un crimen macabro.

Pero Instinto maternal finaliza yendo más allá, rematando la faena al mostrar los devastadores efectos que produjo entre las personas más vinculadas a ella, así como los elocuentes datos sobre el caso que se nos aporta antes de los títulos de crédito finales. Otra lección más que da la razón a ese conocido dicho, el de que la realidad siempre supera a la ficción.