Nunca fue sencillo interpretar a Alejandro Davidovich, un tenista imprevisible dentro y fuera de la pista. El lunes, el malagueño se quedó prácticamente mudo después de haber superado el debut en Wimbledon y respondía con monosílabos y escueto, muy desganado.

Primero en la televisión; después, al reportero de la agencia EFE. Aunque no fue registrada por ninguna cámara, despachó esta segunda intervención en apenas 30 segundos. “Sí, muy bien”. “Muy bien”. “Contento por la victoria”. “Totalmente”.

El tenista venía de ganar su primer trofeo, en Mallorca, después de haber perdido las cinco finales previas que había disputado. No obstante, nadie lo hubiera dicho.

Tampoco desprende demasiada alegría luego de haber accedido a la tercera ronda.Seguir leyendo