Día Internacional del Chiste: ¿por qué algunas personas nunca entienden un chiste? - Estilo de vida

El Día Internacional del Chiste se celebra el 1 de julio. No es una efeméride oficial de organismos internacionales: su origen es difuso y se consolidó como fecha popular —sobre todo en medios y redes— para compartir humor y destacar su impacto social y emocional.
Entender un chiste suele exigir dos movimientos mentales. Primero, tu cerebro detecta una incongruencia: algo no cierra con lo esperado.
Ahí participan áreas del lenguaje (como regiones temporales) y circuitos de atención que sostienen la información. Después llega la “resolución”: la corteza prefrontal ayuda a reinterpretar el remate y encontrarle sentido.
Cuando esa reinterpretación encaja, se activa el sistema de recompensa (circuitos dopaminérgicos como el estriado/núcleo accumbens) y aparece la sensación de “¡ah, era por eso!”. La risa puede sumarse como respuesta motora y social: no solo expresa placer, también señala pertenencia y coordinación con otros.
La risa tiene una pata biológica y otra social. En lo fisiológico, puede modular el estrés al influir sobre el eje hormonal (como el cortisol) y activar respuestas corporales que muchas personas experimentan como descarga.
En lo social, reír en grupo regula tensiones, suaviza conflictos y refuerza vínculos: por eso un chiste “entra” distinto según el contexto, la confianza y el clima emocional. No entender no siempre es “no tener humor”.
Puede haber carga cognitiva (cansancio, ansiedad, multitarea) que impide sostener la estructura del chiste; diferencias de lengua, cultura o códigos; o dificultades en procesos específicos: captar ironía y dobles sentidos requiere teoría de la mente (inferir intenciones) y flexibilidad mental. También influyen condiciones neurológicas (por ejemplo, lesiones frontales o del hemisferio derecho) y estados anímicos como la depresión, donde puede aparecer anhedonia: menos acceso al disfrute, incluso cuando el chiste se entiende.
Hay temperamento, pero el humor también es aprendizaje: se nutre de lenguaje, timing, memoria cultural y práctica social. La evidencia sugiere que se pueden entrenar habilidades relacionadas —interpretar ironía, detectar incongruencias, ampliar repertorio— y que ciertos enfoques (como ejercicios de reappraisal o improvisación) mejoran la flexibilidad cognitiva.
No garantiza “ser gracioso”, pero sí puede aumentar la probabilidad de que un chiste se procese y se disfrute. Reír más suele asociarse a mejor conexión social, mayor tolerancia a la incomodidad y momentos de alivio emocional.
No reemplaza tratamientos ni “cura” el estrés, pero puede funcionar como un indicador práctico de algo simple: tu sistema de atención, emoción y vínculo está encontrando, aunque sea por un rato, una salida compartida.
Información de ABC Color (Paraguay). Edición y redacción: Noticias Today.
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