Jesús fue un reo. ¿Qué diría del modelo penitenciario de Bukele?

En enero de este año, Rodrigo Chaves y Nayib Bukele pusieron juntos la primera piedra del Centro de Alta Contención de Crimen Organizado, “megacárcel” costarricense inspirada en el Cecot salvadoreño. Muchos de quienes lo aplaudieron se declaran cristianos y, de ahí, la incongruencia.
Soy cristiano –católico no practicante con defectos y pecados– y tengo claro que mi fe nació a partir de la vida de un reo llamado Jesús de Nazaret. Fue detenido, sometido a un proceso amañado y puesto a la orden de Poncio Pilatos, prefecto romano que –según narran los cuatro Evangelios– no encontró delito en aquel reo.
Pilatos sabía que Jesús era inocente y, no obstante, lo condenó. La multitud, manipulada y ruidosa, pidió su crucifixión, y el funcionario imperial, que no deseaba problemas con el pueblo, cedió.
La sentencia fue populista antes que justa. El fundador del cristianismo murió ejecutado por un Estado que privilegió el aplauso por sobre la ley.
Este dato no es menor. Es el núcleo de la fe cristiana.
Y, no obstante, hoy múltiples costarricenses –que se confiesan seguidores de ese reo– aplauden con entusiasmo un modelo penitenciario que Human Rights Watch ha documentado con rigor: presos confinados 23 horas y media al día en celdas sin colchones ni sábanas, con luz artificial permanente, sin libros, sin visitas; tuberculosis y desnutrición severa como condiciones ordinarias; centenares de muertos bajo custodia estatal. El propio Bukele difunde videos en los que exhibe a los reclusos como trofeos, con la cabeza rapada y encadenados.
Y hay quienes, frente a esas imágenes, celebran. Todo aquel a quien se le compruebe la comisión de un delito debe ser sancionado y cumplir la pena.
Las pandillas que aterrorizaron El Salvador durante décadas causaron sufrimiento real e indescriptible, y por ello deben pagar. La seguridad es un bien público y su defensa una obligación del Estado.
Nadie sensato puede negarlo. La pregunta no es si los culpables deben ir a prisión.
Las preguntas son: 1) Si es correcto recluir personas indefinidamente, sin previo juicio y sin pruebas de su culpabilidad. 2) Si es correcto imponer la inhumanidad en las cárceles. 3) Si es correcto que el Estado señale y castigue a quien sea, para satisfacer a un pueblo obnubilado por el populismo punitivo. Y, en el fondo de cada uno, si es cristiano castigar sin debido proceso e imponer la crueldad en las prisiones.
Igual que para legitimar la condena del Nazareno se utilizó el populismo punitivo, hoy es la herramienta para imponer dos temas: condena sin debido proceso y crueldad intracarcelaria. Asimismo, el mismo discurso mentiroso y violento expone a quien exige el debido proceso y las condiciones dignas de reclusión.
Esta es una celada retórica tan vieja como eficaz. Nayib Bukele la usa con maestría y muchos costarricenses, incluyendo algunos que el domingo se golpean el pecho, han caído en la trampa.
El cristiano coherente debería ser el más difícil de convencer con ese argumento. Porque su fe le enseña, precisamente, que, bajo presión popular, el poder del Estado puede condenar a un inocente, que la multitud se equivoca, que el sufrimiento del preso no redime su culpabilidad y que la dignidad humana no se pierde con la sentencia.
No lo inventé yo: está en los Evangelios que muchos escuchan o leen cada domingo. Reclamar trato digno para el recluso no es ingenuidad ni blandura.
Es la consecuencia lógica de practicar lo que se cree. Por el contrario, quien concilia con la crueldad puede decirse cristiano, pero no lo es.francisco@dallaneseabogados.comFrancisco J.
Dall’Anese es abogado.
Información de La Nación (Costa Rica). Edición y redacción: Noticias Today.
Ver publicación original ↗
💬 Comentarios (0)
Iniciá sesión o creá tu cuenta para comentar.