No habrá luna de miel

¿Alguna vez se han encontrado ante una decisión complicada que, luego de tomarla, defienden por sobre todas las cosas? Generalmente es un proceso inconsciente.
Pongamos un ejemplo simple: quieres comprar una computadora, una decisión importante porque es una gran inversión y tu principal herramienta de trabajo. Hay muchas opciones y, cuanto más lo piensas, más dudas tienes.
Hasta que finalmente decides. Pasan los días, las semanas y los meses, y ya te olvidaste de que contemplaste otra opción.
Cada día te familiarizas más con tu compañera de trabajo y, si alguien cuestiona tu decisión, le contarás las infinitas maneras en que tu computadora es genial. Lo mismo ocurre en el mundo de las opiniones políticas.
Una vez que uno asume una posición explícita —sea votando por cierto candidato o pronunciándose públicamente a favor o en contra de una postura—, es muy complicado retroceder sobre ello. Solemos pensar que nuestras opiniones dictan nuestro comportamiento, pero muchas veces es al revés: nuestro comportamiento dicta qué tan estables son nuestras opiniones en el tiempo.
El comportamiento es uno de los componentes de la “actitud” o la “opinión”. Nuestras opiniones son tripartitas: se basan en las emociones, la cognición y el comportamiento.
Una opinión basada en la emoción puede ser muy inestable, mientras que la basada en el comportamiento muestra más estabilidad que la que se sustenta en la cognición. ¿Por qué somos así?
Cuando manifiestas una postura política abiertamente —un acto de comportamiento—, lo más probable es que te importe que el público no te vea como hipócrita o inconsistente si cambiaras de opinión. A esto se le llama la teoría de la autopresentación, y ayuda a entender la inflexibilidad en el cambio de posturas, por ejemplo, en líderes de opinión o en referentes de la corriente antifujimorista.
Por ello consideramos que “no habrá luna de miel”, expresión que se refiere al período de gracia que tradicionalmente se otorga a un gobierno entrante en sus primeros 100 días. Usamos esta frase para la actitud de fuerzas opositoras que buscan ser menos confrontacionales al inicio de un gobierno.
También aplica a los medios que dan apertura a que el nuevo gobierno manifieste ciertas virtudes. No veremos esta actitud en los medios con postura antifujimorista, pues la hostilidad inició incluso antes de tener resultados oficiales.
Estos líderes de opinión no otorgarán ninguna luna de miel al gobierno fujimorista, porque hacerlo comprometería la coherencia de la línea antifujimorista con la que durante años han sostenido a su audiencia. El comportamiento exhibido durante años condiciona sus opiniones, y cualquier virtud del nuevo gobierno será descartada de su línea editorial.
Renunciar a las narrativas antifujimoristas —en especial las que extrapolan las actitudes autoritarias del padre a la hija— sería incoherente. El nuevo gobierno aún no asume pero, según ellas, ya es autoritario.
Se luchará por defender este relato hasta el final, y estará por verse si la opinión pública lo asimila o se rebela. El accionar del gobierno y la interpretación de la prensa serán determinantes
Información de El Comercio (Perú). Edición y redacción: Noticias Today.
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