Termino de escribir minutos antes de partir rumbo al Estadio Azteca. De acuerdo con el gobierno de la ciudad, la gente tendría 22 espacios masivos para celebrar esta noche de martes la eventual victoria de la Selección.

Las autoridades habrían adicionado tres centros de celebración masiva —el Caballito, el Monumento a la Revolución y el Palacio de los Deportes— con el propósito de desahogar el Ángel y desconcentrar a las más de 800 mil personas que, previsiblemente, saldrían a celebrar si se le ganara a Ecuador. Fuera cual fuera el desenlace, la decisión gubernamental retrata bien lo que han sido estas tres semanas: una gustosa, pacífica y colosal fiesta.

Todo un éxito. Es cierto que ese éxito esconde disparates que habrá tiempo de revisar.

Pero dudo que muchos imaginaran un escenario así al cumplirse la tercera semana. Y, ni hablar: la primera evaluación debe darse a partir de los resultados.

Lo que queda es la panorámica de un México vivo, alegre, cordial y razonablemente ordenado y seguro. El Mundial está por terminar en nuestro país sin reportes de agresiones, atracos, extorsiones, secuestros ni homicidios.

Un balance difícilmente mejorable. El lunes, cuando esto haya terminado, volveremos al México sin Mundial.

Por lo pronto, sigamos abrazando al país delicioso del verano de 2026.