SAN JUAN.— Durante once horas casi no levantaron la vista de las computadoras. El reloj avanzaba sin tregua mientras debían resolver un complejo caso de ciberdelito que mezclaba inteligencia artificial, criptomonedas, perfiles falsos de redes sociales, manipulación de evidencia digital y un informe jurídico que luego tendrían que defender frente a algunos de los especialistas más prestigiosos del mundo.

Habían viajado a Mendoza con la idea de aprender, de medirse y de sumar experiencia. Nunca imaginaron que, al finalizar esa maratónica jornada, terminarían levantando el trofeo de la White Hat Conference 2026, considerada una de las competencias de ciberseguridad más importantes del planeta.

Hoy, después de aquel logro, todavía hay una frase que se repite entre ellos cada vez que se cruzan en los pasillos de sus trabajos. \"Somos campeones del mundo\", dicen entre risas. Y enseguida vuelven a sorprenderse, como si todavía les costara creerlo.

Los protagonistas de esta historia son el oficial inspector Darío Pérez Ruarte, el cabo primero Leonardo Esquivel y la abogada Virginia Sánchez Carmona. Los tres integraron el equipo \"San Juan Más Seguro\", que representó a la provincia en la competencia internacional desarrollada en Mendoza y logró imponerse sobre equipos de universidades, laboratorios forenses, fuerzas de seguridad y especialistas provenientes de más de quince países.

Pero detrás del primer puesto hay una historia muy distinta a la que muestran las fotos del podio. El equipo que nació por teléfono Nada estuvo planificado durante meses.

Ni hubo largas concentraciones ni entrenamientos conjuntos. La convocatoria llegó apenas unos días antes.

La organización exigía que cada equipo estuviera integrado por dos especialistas técnicos y un abogado. Desde la Secretaría de Seguridad comenzaron a definir quiénes podían representar a San Juan.

Virginia recibió un mensaje. Del otro lado estaban dos policías a quienes no conocía personalmente.

Del lado de la Policía sucedió algo parecido. Cuando Darío supo de qué se trataba la competencia, habló con su jefe y propuso inmediatamente un nombre. \"Tenemos que ir nosotros dos\", recuerda que expresó, pensando en Leonardo Esquivel, compañero suyo en la Dirección de Telecomunicaciones y Emergencias Policiales (D-8).

No era una elección casual. Ambos llevaban años trabajando juntos en proyectos vinculados con tecnología aplicada a la seguridad pública, informática forense y desarrollo de sistemas.

Sabían cómo pensaba el otro y compartían la misma obsesión: capacitarse constantemente. Virginia se sumó poco después para aportar la mirada jurídica que exigía el certamen.

Así nació un equipo que apenas tuvo tiempo para conocerse antes de viajar. \"Nosotros éramos Chacarita\" La White Hat Conference no es una competencia cualquiera. Desde su creación pasó por Estados Unidos, Corea del Sur y España.

Detrás del evento está el Centro de Investigaciones de Cibercrimen de la Universidad de Boston, considerado uno de los más prestigiosos del mundo. Allí participan hackers éticos, investigadores, expertos en inteligencia digital, universidades y fuerzas de seguridad internacionales.

Los tres sanjuaninos lo sabían. Y también sabían contra quiénes iban a competir. \"Nosotros sentíamos que íbamos al Mundial de fútbol siendo Chacarita Juniors\", resume Darío entre sonrisas.

La comparación refleja exactamente cómo llegaron. No viajaban convencidos de ganar.

Viajaban con humildad. Con la expectativa de medir cuánto les faltaba para alcanzar el nivel de los grandes referentes internacionales.

Entre los rivales estaban, por ejemplo, los estudiantes del Centro de Investigaciones de la Universidad de Boston, bicampeones de la competencia. \"La idea era aprender\", coinciden los tres. La realidad terminó siendo completamente distinta.

Once horas contra el reloj El desafío inició temprano. Todos los equipos quedaron distribuidos en una enorme sala.

Cada uno con sus computadoras. Una vez iniciada la competencia sólo podían levantarse para ir al baño.

Durante once horas debían resolver un caso que simulaba una investigación real. La historia estaba ambientada en Estados Unidos, en plena organización del Mundial de fútbol.

Una persona había sido víctima de una estafa luego de comprar entradas falsas promocionadas mediante un video manipulado con inteligencia artificial que mostraba a Lionel Messi invitando a adquirir los tickets. A partir de allí comenzaba una investigación que avanzaba por distintas etapas.

Había que analizar perfiles de Instagram, distinguir imágenes auténticas de otras modificadas con inteligencia artificial, verificar videos creados mediante técnicas de deepfake, reconstruir movimientos de criptomonedas hasta llegar a las billeteras virtuales de los estafadores y preservar correctamente toda la evidencia digital. Pero no alcanzaba con descubrir qué había ocurrido.

Había que demostrarlo. Cada procedimiento debía documentarse respetando la cadena de custodia de la evidencia para que pudiera sostenerse en un eventual juicio. \"Era como trabajar en un caso real\", explica Leonardo.

Mientras unos analizaban información técnica, Virginia redactaba el encuadre jurídico. Todo ocurría al mismo tiempo. \"No podíamos esperar al final para escribir el informe.

Había que hacerlo en paralelo porque después debíamos defender cada decisión que habíamos tomado\", recuerda Darío. El reloj nunca dejaba de correr.

La decisión que cambió todo Cuando finalizaron la parte técnica, los sanjuaninos no encabezaban la clasificación, pues habían terminado quintos. No obstante, la competencia no premiaba únicamente la capacidad informática.

El informe legal representaba otro porcentaje importante de la evaluación y luego llegaba la presentación oral frente al jurado. Allí decidieron apostar por una estrategia distinta.

En lugar de presentar un informe convencional, estructuraron toda la investigación como si estuvieran desarrollando una acusación formal dentro de un proceso penal. Virginia redactó el trabajo siguiendo la lógica de una fiscalía, mientras Leonardo y Darío respaldaban técnicamente cada prueba obtenida.

El planteo convenció al tribunal. \"Entendimos que la evidencia digital es extremadamente frágil y que el verdadero valor estaba en demostrar cómo se había preservado y por qué podía convertirse en prueba judicial\", explica la abogada. Esa decisión terminó inclinando la balanza.

El examen inesperado Cuando creían que todo había terminado apareció otro desafío. No les avisaron a tiempo que habían clasificado entre los tres mejores equipos.

De un momento a otro debieron preparar la exposición final. Frente a ellos estaban el director del Centro de Investigaciones de Cibercrimen de la Universidad de Boston, autoridades académicas y especialistas internacionales.

Asimismo, la presentación se realizaba mediante traducción simultánea. Cada explicación técnica pasaba primero por los auriculares del intérprete antes de llegar al jurado.

Y luego venían las preguntas. Había que responder sobre herramientas forenses, inteligencia artificial, legislación penal y preservación de evidencia digital. \"No era solamente explicar lo que habíamos hecho.

Había que defender cada procedimiento\", recuerda Darío. Cuando terminaron, uno de los integrantes del jurado los felicitó.

Les expresó que esa era exactamente la clase de presentación que esperaban encontrar en una competencia internacional. La sorpresa más grande El anuncio final los dejó inmóviles.

Habían ganado. Y no sólo eso: les informaron que la diferencia con el segundo puesto había sido de entre quince y veinte puntos.

Detrás de ellos quedaron especialistas internacionales y los propios estudiantes de la Universidad de Boston, que buscaban su tercer campeonato consecutivo. \"Creo que todavía no terminamos de entender lo que pasó\", admite Leonardo. En el Cisem los recibieron con felicitaciones y hasta una pancarta improvisada.

Virginia volvió a la Secretaría de Seguridad con la satisfacción de haber encontrado un área profesional que la apasiona cada vez más. Darío inició a recibir mensajes de investigadores de distintos países que habían visto la publicación del resultado en redes profesionales.

Pero los tres coinciden en que el reconocimiento más importante no fue el trofeo. Fue comprobar que la preparación desarrollada durante años en San Juan podía competir de igual a igual con los principales centros internacionales.

Mucho más que una medalla Ninguno atribuye el resultado a la casualidad. Los tres llevan años estudiando.

Leonardo desarrolla software para la Policía y trabaja sobre inteligencia criminal e informática forense. Darío, asimismo de desempeñarse en la fuerza, forma a nuevos profesionales y continúa estudiando Ingeniería Informática.

Virginia combina su labor como asesora jurídica con capacitaciones permanentes en Derecho Penal y nuevas tecnologías. \"Esto recién empieza\", dice ella. Porque mientras la inteligencia artificial avanza a una velocidad inédita, también evolucionan las modalidades delictivas.

Los tres saben que el próximo desafío ya está en el horizonte. La organización confirmó que la White Hat Conference 2027 se realizará en México y las primeras invitaciones ya comenzaron a llegar.

Esta vez viajarán con otra confianza. Pero con la misma convicción de siempre: que detrás de una medalla internacional no existen los milagros.

Existen años de estudio, cientos de horas de capacitación, trabajo silencioso y un equipo que aprendió a confiar en el conocimiento del otro. Quizá por eso, cuando alguien les pregunta qué sintieron al derrotar a especialistas de todo el mundo, ninguno habla primero del trofeo.

Prefieren recordar aquella frase que se dijeron antes de competir: \"Íbamos al Mundial siendo Chacarita\". Y justamente por eso, porque nadie los imaginaba levantando la copa, la hazaña terminó siendo todavía más grande.

Leonardo Esquivel: el programador que encontró en la Policía el lugar para unir informática e investigación Con 35 años, el cabo primero Leonardo Esquivel ya acumula once años dentro de la Policía de San Juan. Desde que egresó supo que su perfil estaría más cerca de una computadora que de un patrullero.

Programador de formación, hoy es el encargado del Área de Desarrollo de Sistemas de la Dirección de Telecomunicaciones, donde participa en la creación de los programas informáticos que utiliza la fuerza. Su pasión por la tecnología lo llevó a especializarse en informática forense y en la actualidad cursa la Licenciatura en Tecnologías de la Información en la Universidad de la Policía Federal.

Su tesis está enfocada en inteligencia criminal y el uso de inteligencia artificial aplicada a la seguridad pública, un tema que, asegura, avanza \"a la velocidad de la luz\". En la White Hat Conference fue uno de los responsables de la parte técnica de la investigación: analizar imágenes manipuladas con inteligencia artificial, verificar videos deepfake, rastrear criptomonedas y preservar la evidencia digital.

Lejos de vivir el triunfo como una meta, lo considera un punto de partida. \"Todavía creo que no terminamos de entender que ganamos. Fueron muchos años de estudio, de trabajo y de capacitación para llegar hasta acá.

Ahora el desafío es seguir preparándonos porque el cibercrimen no deja de evolucionar\", dice. Darío Pérez Ruarte: el docente que creyó que iba \"al Mundial siendo Chacarita\" Cuando Darío Pérez Ruarte recibió la invitación para competir en Mendoza pensó que la experiencia serviría, sobre todo, para medir el nivel de San Juan frente a los grandes especialistas internacionales.

Nunca imaginó que regresaría como campeón. Tiene 34 años, es oficial inspector de la Policía de San Juan, licenciado en Seguridad Ciudadana por la Universidad Católica de Cuyo y en la actualidad cursa Ingeniería Informática en una universidad de México.

Asimismo, enseña Tecnologías Aplicadas a la Seguridad Pública en la UCCuyo, donde comparte clases y capacitaciones con otros especialistas. Su vida profesional gira alrededor de una idea: capacitarse y transmitir ese conocimiento. \"Nosotros no sólo estudiamos, también formamos a otros\", explica.

Durante la competencia tuvo a su cargo buena parte de la defensa oral del trabajo frente al jurado de la Universidad de Boston, uno de los momentos más exigentes del certamen. Todavía recuerda la frase que expresó antes de viajar y que hoy repite entre risas: \"Sentíamos que íbamos al Mundial siendo Chacarita Juniors.

Fuimos con humildad, pensando que íbamos a aprender, y terminamos demostrando que en San Juan también estamos preparados para competir con los mejores del mundo\". Virginia Sánchez Carmona: la abogada que convirtió el derecho en la pieza clave del campeonato El informe jurídico fue el aspecto que terminó inclinando la balanza a favor del equipo sanjuanino.

Detrás de ese trabajo estuvo Virginia Sánchez Carmona, de 36 años, abogada egresada de la Universidad Nacional de Córdoba, profesora de Derecho y asesora legal de la Secretaría de Estado de Seguridad y Orden Público. Hace seis años ejerce la profesión y reconoce que encontró en el Derecho Penal el área que más la apasiona.

Desde entonces suma diplomaturas, cursos y capacitaciones vinculadas con investigación criminal y nuevas tecnologías. Durante la competencia redactó el informe legal que acompañó toda la investigación técnica.

En lugar de presentar un simple reporte, estructuró el trabajo como si fuera una acusación formal de una fiscalía, explicando cómo debía preservarse la evidencia digital para que tuviera validez en un proceso judicial. Esa estrategia fue especialmente valorada por el jurado internacional.

Virginia considera que el mayor desafío que enfrenta hoy el país es adaptar la legislación a los nuevos delitos digitales: \"La tecnología cambia todos los días y nosotros tenemos que seguir estudiando para estar a la altura. Este premio, para mí, no es un final... es recién el comienzo de un camino que encontré y que realmente me apasiona\".