““Beto” Coral” ha sido “coronado” como el primer preso político del régimen abelardista: Cecilia Orozco TascónRedes socialesA un mes y una semana de posesionarse, el presidente electo puede ufanarse de que ya inició su conteo de presos políticos; conteo con el que le fascinaría caracterizar su mandato, como lo sugieren sus discursos de campaña. El hecho inaugural de intempestiva detención, arresto, encadenamiento y, más grave aún, expulsión territorial de un colombiano contradictor ideológico de De la Espriella no es un invento de “zurdos” o “comunistas”.

Por el contrario, ha dejado huella pública como no sucede nunca: el caso atribuible al mandatario entrante de la persona que perdió desde la libertad física hasta la posibilidad de asilo, está documentado de principio a fin. La víctima de De la Espriella se llama Franklin Humberto Coral Garrido, más conocido como “Beto” Coral, un activista digital colombiano que ha vivido 11 años en Estados Unidos.

Coral se destaca por el éxito de su cuenta en la red social X, seguida por 450 mil espectadores; y por su canal de YouTube, que tiene 283 mil suscriptores y una suma envidiable: 57 millones de visitas a sus 1.600 videos desde 2014. (ver). “Beto” no clasifica, pues, como periodista en el sentido tradicional del término, pero sí es un medio de comunicación individualizado. De ahí la censura y persecución que sufre.Su gran audiencia y sus manifestaciones escritas y visuales, con las que enfrentó al entonces abogado residente en Miami (ver), y con las que criticó, hace poco, al candidato presidencial ganador (ver), lo pusieron en la mira tanto de Estados Unidos como de quien asumirá el 7 de agosto.

Este abogado penalista, que ignora los rigores probatorios que exige su profesión, es el mismo que acusó, en su condición de posible vocero de nuestra nación, y solo con el presunto valor de la infalibilidad de su palabra, a otros contradictores colombianos de ser “compradores de votos”. Con base en ese supuesto delito, le solicitó a la administración Trump que retirara las visas de quienes aparecían en esa lista de “criminales”, y que incluyera sus nombres en el informe Clinton (ver).

Todo indica que la petición de De la Espriella no fue lanzada al azar: por lo sucedido con Coral, más parece un acto urdido con la facción de orígenes latinoamericanos del gobierno estadounidense. Al menos, lo que sucedió con “Beto” nos da buenas pistas sobre los acuerdos previos con que actuarían: hoy Coral –sin ninguna acusación formal o informal de haber violado las leyes, allá o aquí– está esposado de pies y manos (ver) y ha sido aislado en una celda de una de varias penitenciarías a las que ha sido trasladado en cuestión de días, de tal modo que se le dificulte contratar abogados que lo defiendan y tener un juez que lo procese.

El arresto del activista digital sucedió después de que el candidato se jactara en sus redes del golpe que le infligiría a su contradictor sacándolo del país en que había formado familia. En un mensaje en X, que acompañó con la imagen de “el quitavisas” de Estados Unidos, De la Espriella publicó, con sorna: “buenas noticias para Colombia y para los colombianos patriotas en el exterior.

Dura es la ley pero es la ley. Llegará pronto” (ver).

No hizo falta que identificara a su víctima cuando, horas más tarde, agentes del Homeland Security Investigation (HSI) le cayeron a Coral en la entrada de su casa sin que supieran por qué razón lo estaban arrestando (“¿qué hizo usted?”, le preguntaron), medios, periodistas y políticos de ese país y del nuestro, entendieron que De la Espriella estaba cobrando el regalo que el Secretario de Estado (canciller) cubano-americano de Estados Unidos le acababa de dar. Horas más tarde, el serísimo periódico The New York Times confirmó el acontecimiento en un artículo que tituló, con sorpresa: “Marco Rubio aprobó la detención de un migrante que criticó a un aliado de Trump [De la Espriella]” (ver).

Ni Rubio ni Trump hacen favores por amor, como se sabe. El ciudadano colombiano naturalizado en Estados Unidos que, paradójicamente, gobernará a Colombia bajo el principio de que, ante todo, será leal a su patria de adopción y no a esta, deberá devolverles el favor, sin chistar, entregándoles lo que le pidan en materia de negocios, riquezas naturales, políticas económicas, leyes o bases militares.

Y, entre tanto, “Beto” Coral, un peón en el juego de ajedrez que fue capturado y retirado del tablero al igual que se haría con un muñeco sin valor, ha sido “coronado” como el primer preso político del régimen abelardista. No será el único.

Vendrán muchos más.Entre paréntesis.- Para aclararle a la ultraderecha exultante cuál es la realidad que encontrará, la invito a ver los gestos despectivos y a escuchar las frases burlonas con que el francote presidente de Estados Unidos se refiere a “un tigre” que no conocía, y al que le dio, finalmente, su apoyo a pesar de que estaba lejos de ganar la elección, solo porque repetía, cual títere, “me gusta Trump” (ver).