Tal y como los que conocen el T-MEC y cómo funcionan las cosas dentro de la Casa Blanca de Trump, y como tantas veces lo había advertido el presidente estadunidense, el acuerdo comercial entre México, Estados Unidos y Canadá no será simplemente ratificado como está. La decisión del gobierno estadunidense, en contra de la voluntad de los socios del acuerdo –México y Canadá–, obliga a revisiones anuales para los próximos años.La primera revisión comenzará pronto y muy probablemente esas revisiones seguirán año con año, lapso que incluye y rebasa los años que le quedan a Trump en la presidencia y a un sucesor, si es que logra ponerlo.En el plano comercial no pararán las polémicas, las demandas para aumentar el contenido estadunidense o de plano para mudar plantas de manufactura a Estados Unidos y para bloquear a productos chinos que son parte de la infraestructura industrial de América del Norte.Está claro que la primera consecuencia de la decisión estadunidense, por más que es la esperada, es el alargamiento de eso que hemos llamado “incertidumbre” para explicar cómo amarra y hace dudar a los inversionistas, a las empresas que todos los días analizan dónde poner su dinero para construir una planta de manufactura, hacer una inversión en uno u otro sector de los que hace tres décadas se benefician del acuerdo comercial.

Difícil, si no que casi imposible cuando el año que viene y tal vez el siguiente cambien las reglas. Porque esas inversiones, del tamaño que, por ejemplo, México necesita, no dan réditos al día siguiente, ni al año siguiente.El esfuerzo mexicano para atraer esa inversión que ha creado multitud de planes, acciones, cambios de reglas internas y hasta un nuevo puesto en la presidencia puede seguir tan atorado como está hasta hoy.Cierto que la incertidumbre también pega a la economía estadunidense y por lo tanto a Trump en momentos complicados, pero una parte muy importante de la economía mexicana se ha construido desde hace tres décadas con base en esas reglas.

La afectación es mucho mayor de este lado de la frontera. Es ese el problema que complica más las cosas.

Porque más allá de que hace muchos años Trump alucina el libre comercio, hoy lo ha convertido en un arma para intimidar a quienes quiere sacar otras cosas, de quienes quiere otros beneficios. En el caso de México, no lo dudemos, tiene que ver con la lucha contra los cárteles y la migración.Se confirma lo imaginado.

No quiere decir que deje de preocupar mucho.