“Los Estados Unidos están financiando y sosteniendo militarmente a un gobierno local mafioso y criminal”: Gonzalo Mallarino Flórez.MIGUEL GUTIÉRREZDelante de la inconmensurable tragedia humanitaria por la que está atravesando el pueblo venezolano, ha quedado clarísimo que el Estado que los gobierna es, amén de corrupto hasta los tuétanos, totalmente incompetente, indolente e inoperante. Ve uno las imágenes en la televisión, del pueblo tratando de socorrer a los miles que están sepultados bajo los escombros, a los miles que están heridos, a los miles que no tienen un techo, a los miles que padecen hambre y sed, totalmente solos, absolutamente solos, y no aparece un cuerpo de rescate del Gobierno, un equipo de socorro, un contingente del ejército o la policía, especializado en tareas de rescate.

Nada. La gente quebrantada y sola, blandiendo unas palas y unos baldes.

Los militares y el Gobierno se limitan a expedir salvoconductos a quienes integran los equipos de ayuda enviados desde el exterior, siempre que les parezca que no son una amenaza para la “estabilidad” del Gobierno. Siempre que, viniendo del exterior, esos visitantes no comprueben de primera mano lo que todo el planeta sabe, lo que todos sabemos sin lugar a duda alguna: que el de Venezuela, hace muchos años, y ahora mucho más, financiado y aupado por el Gobierno de Estados Unidos, es un Gobierno ilegítimo y mafioso.

Es un Gobierno de criminales, empezando por Delcy y Jorge Rodríguez, que son los que están al frente. Que quede claro entonces.

Los Estados Unidos, buscando hacer expedita la ruta para que sus empresas y conglomerados financieros puedan hacer negocios en Venezuela de forma ventajosa y sin ningún control, están financiando y sosteniendo militarmente a un gobierno local mafioso y criminal, que delante de tragedias como los terremotos de la semana pasada, enseña todas sus llagas y sus pústulas. Su incompetencia y su desprecio por la vida y por el bienestar de su pueblo.

Esa pantomima de matonería y soberbia de sacar a la brava al payaso de Nicolás Maduro de Venezuela, que nos quieren hacer pasar por un acto justiciero y noble que solo buscaba el bienestar del pueblo venezolano, ha quedado también desmontada. Ya es claro que deponer a Maduro, valiéndose del “ejército más moderno y eficaz del mundo”, no ha representado bienestar ni liberación alguna para el pueblo de ese país.

Eso fue lo que siempre fue: un acto de matonería, de violación del derecho internacional, y de prolongación incesante del sufrimiento del pueblo venezolano. Lo más triste de esto, de la situación desesperada de ese país, es que se necesite una tragedia como un terremoto para que volvamos a llamar las cosas por el nombre que verdaderamente tienen.

Para que señalemos, ya sin ambages, que la intervención de los Estados Unidos en los asuntos internos de Venezuela fue lo peor que le pudo pasar al pueblo venezolano, que ahora sí que no tiene el menor chance de recuperar su soberanía, sus instituciones democráticas, y su dignidad. Y, claro, para que volvamos a comprobar que este mundo está manejando por cínicos y mentirosos.