Durante años, los científicos creyeron que un antiguo reptil llamado Eunotosaurus era el ancestro de las tortugas. Una nueva investigación concluye que no estaban emparentados y propone una nueva explicación para el origen de su característico caparazón.Casi todas las especies de tortugas marinas que hay en el mundo se encuentran en algún grado de amenaza de extinción.PetrobrasAunque pueda parecer difícil de creer a la primera escucha, el origen evolutivo de las tortugas sigue siendo un misterio muy grande para la ciencia. “Las tortugas son rarezas evolutivas”, expresó Xavier Jenkins, becario postdoctoral de la División de Paleontología del Museo Americano de Historia Natural, citado en una nota de prensa de esa institución. “Sus caparazones son diferentes a los de cualquier otro vertebrado, y los científicos han debatido durante mucho tiempo cómo evolucionó un plan corporal tan singular”.

Se creía que las tortugas descendían de un antiguo reptil llamado Eunotosaurus africanus, que vivió hace unos 260 millones de años en lo que hoy es Sudáfrica. La principal razón era que compartía con ellas una característica llamativa: unas costillas muy anchas, consideradas durante años como un posible primer paso hacia la formación del caparazón.

No obstante, una nueva investigación publicada este mes en Current Biology concluye que esa semejanza fue engañosa. Luego de analizar con escáneres de alta resolución la anatomía de varios fósiles y reconstruir sus relaciones evolutivas, los científicos encontraron que Eunotosaurus no era un ancestro de las tortugas, sino un miembro de un grupo completamente distinto de reptiles extintos.

Entonces, ¿por qué ambos animales tenían costillas tan parecidas? Según los autores, se trata de un caso de evolución convergente, un fenómeno en el que especies sin parentesco cercano desarrollan rasgos similares porque se adaptan a condiciones de vida parecidas.

En este caso, las costillas de Eunotosaurus habrían evolucionado como una adaptación para excavar madrigueras, mientras que en las tortugas esas mismas estructuras siguieron un camino evolutivo diferente hasta convertirse en parte del caparazón.“El Eunotosaurus no es un ancestro de las tortugas, sino un reptil sin parentesco que desarrolló de forma independiente una caja torácica ensanchada que se asemeja superficialmente a un caparazón primitivo”, explicó Jenkins en la nota de prensa. “Una analogía moderna sencilla serían las tortugas y los armadillos, que tienen cuerpos acorazados, pero desarrollaron esas características de forma independiente”.Los autores creen que los hallazgos transforman la concepción científica sobre el origen de las tortugas. Durante años, Eunotosaurus sustentó la idea de que el caparazón había comenzado a evolucionar en un antiguo reptil excavador con costillas progresivamente más anchas.

El nuevo estudio concluye que esa similitud fue producto de la evolución convergente y no de un parentesco cercano, por lo que el origen del caparazón debe buscarse en otro linaje de reptiles. Esto obliga a replantear cómo y en qué contexto ecológico evolucionó el rasgo más distintivo de las tortugas.👩‍🔬📄 ¿Quieres conocer las últimas noticias sobre ciencia?

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