Los sellos que cambiaron lo que comemos

Hoy los octógonos negros con letras blancas son parte del paisaje cotidiano: están en las cajas de cereal del desayuno, en los jugos del kiosco, en las galletas que los niños piden en el supermercado. Chile decidió hacer algo que ningún país había hecho antes: ponerle una advertencia frontal, clara e imposible de ignorar, a todo alimento que superara ciertos límites de azúcar, sodio, grasas saturadas o calorías.
La ley se promulgó en el 2012 (Ley 20.606) y entró en vigencia en junio de 2016.Diez años después, la evidencia habla. Un estudio de Guillermo Paraje et al., publicado en The Lancet recientemente, analizó datos de más de 300.000 niños en edad escolar.
Los niños tuvieron menos de probabilidad de tener exceso de peso. Las niñas en colegios subvencionados mostraron reducciones aún más marcadas, de hasta 4,5 puntos porcentuales.
Es la primera vez que se demuestra, con metodología rigurosa, que un paquete de políticas alimentarias —no una medida aislada, sino la combinación de sellos, restricciones publicitarias y regulación escolar— reduce la obesidad infantil a nivel nacional.A comienzos de la década de 2010, Chile tenía de las tasas más altas de obesidad infantil de América Latina. El consumo de ultraprocesados era masivo.
La publicidad apuntaba directamente a los niños. Investigadores del INTA llevan décadas documentando esto, y fueron ellos quienes empujaron con mayor fuerza la iniciativa legislativa, que tardó años en aprobarse.
La industria propuso círculos en vez de octógonos. Quiso cambiar “exceso de” por “alto en”.
Litigó alegando violación de normas de propiedad intelectual. Cuestionó que los límites se midieran por 100 gramos y no por porción —una distinción que no es técnica sino estratégica: las empresas pueden definir porciones pequeñas para diluir el contenido de nutrientes por unidad declarada.La ley se aprobó y los límites se fueron endureciendo en tres fases: 2016, 2018 y 2019.
El límite de sodio en sólidos, por ejemplo, cayó de 800 a 400 miligramos por cada 100 gramos a lo largo del proceso. La respuesta de las empresas fue reformular sus productos para evitar los sellos.
Los azúcares en cereales de desayuno y bebestibles cayeron entre un 15% y un 20%.Este modelo nacional se exportó. Perú, Uruguay, México, Argentina y otros países latinoamericanos adoptaron variantes del sistema.
Canadá empezó a exigir etiquetado frontal en enero de 2026. El comentario editorial del propio Lancet, de investigadoras del Instituto para la Salud Global de Australia es explícito: los resultados refuerzan el argumento para adoptar estrategias integrales para mejorar los entornos alimentarios.La obesidad depende de la actividad física, del entorno urbano, de la desigualdad económica, del acceso a alimentos frescos.
Una ley puede cambiar la composición de lo que se vende, la información, y lo que los niños encuentran en sus colegios. Según el estudio más riguroso que existe hoy, tiene efectos medibles sobre el peso de los niños.Los octógonos negros no son todo.
Hay que revisar ahora lo que otras naciones están logrando con impuestos saludables.Por Jaime Mañalich, exministro, Clapes UC
Información de La Tercera (Chile). Edición y redacción: Noticias Today.
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