El economista jefe de OpenAI, Aaron Chatterji, intentó lanzar un mensaje de calma —se negó a llamarlo “optimismo”— sobre el impacto que el auge de la inteligencia artificial (IA) puede provocar en el mundo del trabajo, en un momento en el que las nuevas herramientas se revelan cada vez más eficientes y sofisticadas, capaces de desarrollar funciones propias de personal cualificado, y los cálculos más pesimistas dibujan una suerte de apocalipsis laboral. Seguir leyendo