Con décadas de experiencia en radio y televisión, Kristian Mora ha sido testigo privilegiado de algunos de los capítulos más importantes del fútbol costarricense, tal como experimenta en este Mundial 2026. Desde el Aztecazo hasta la odisea de Brasil 2014, su voz ha acompañado momentos que quedaron grabados en la memoria colectiva de los aficionados.

En esta conversación, reflexiona sobre los relatos que trascienden el tiempo, la importancia de desarrollar un estilo propio y los desafíos que enfrenta la narración deportiva en una era marcada por los cambios tecnológicos.—¿Qué hace inolvidable un relato de gol?—Va de la mano el contexto histórico del gol y el relato. Si no es un gol muy representativo, difícilmente termina enraizado en el tiempo.

Tiene que ser importante el gol y también todo lo que nace alrededor de él.—¿Quién es el mejor narrador que ha tenido Costa Rica?—Me tocó trabajar con él y tuve el privilegio de narrar junto a José Luis “El Rápido” Ortiz en su última etapa. Era un narrador extraordinario y un gran periodista.

Sabía manejar la voz, el vocabulario y los escenarios. Mario McGregor fue un fenómeno, pero para mí El Rápido fue el mejor.—¿Cuál ha sido el gol más emocionante que ha narrado?—Son muchos.

El Aztecazo fue muy especial porque me tocó vivirlo desde allá. También los penales contra Grecia y el gol de Michael Umaña.

Otro recuerdo inolvidable fue la victoria de la Selección Sub-20 sobre Egipto en El Cairo, ante más de 80.000 personas.—¿Qué relato de otro colega lo marcó?—Recuerdo mucho a Mario McGregor en Italia 90. Yo estaba en el colegio y aquello representó muchísimo.

También me marcaron narradores como Pilo Obando, porque sentía sus relatos muy cercanos y familiares.—¿La narración es periodismo o entretenimiento?—Tiene un poco de ambas cosas. Hay una diferencia entre la seriedad del periodismo y la libertad que permite la narración.

No lo veo necesariamente como un género periodístico, sino como una forma de entretenimiento que cada relator desarrolla a su manera.—¿Cómo nace un grito de gol?—Es muy difícil prepararse para algo que no sabe que va a pasar. El momento dicta todo.

No hay tiempo para corregir ni para pensar demasiado. Los grandes relatos salen de la inspiración del instante y de la emoción que genera el partido.—¿Puede un narrador ser aficionado?—Frente a un micrófono, el aficionado debe quedar de lado.

La única excepción es cuando se trata de la Selección Nacional, porque uno está narrando para el país y comparte parte de ese sentimiento colectivo.—¿Qué distingue a un narrador extraordinario?—Su sello personal. Muchos intentan seguir el camino de otros, pero el que realmente destaca es el que logra diferenciarse y dejar una marca propia.—¿Cuál fue el momento más difícil de su carrera?—La tragedia ocurrida en Guatemala en 1996, antes de un partido eliminatorio entre Guatemala y Costa Rica.

Me tocó informar en vivo mientras veía personas fallecidas y cuerpos tendidos en la pista. Fue una experiencia muy dura, porque había que mantener la cordura y seguir al aire.—¿Qué es lo mejor y lo peor de este oficio?—Lo mejor es estar cerca de grandes eventos y grandes momentos.

Uno siente que forma parte de ellos. Lo peor, sinceramente, hoy no lo veo.

Le doy gracias a Dios por haber podido dedicarme a algo que me apasiona.—¿Cómo imagina el relato futbolístico dentro de unos años?—Todo cambia, pero creo que seguirá dependiendo de las personas, de su creatividad y de su capacidad para conectar con la audiencia. Hoy existen influencers, streamers y nuevas plataformas, pero no hay una fórmula única.

La clave seguirá siendo cómo cada narrador logra convertirse en la mejor compañía para quien está viendo el partido.