El pensamiento y la vida

SANTA FE.— Nos escribe Augusto (42 años, Resistencia): "Hola Luciano, te escribo porque hace un tiempo empecé terapia porque estaba con muchos síntomas de ansiedad y, si bien ya estoy mejor, ¡es un camino duro! ¿Cómo puede ser que uno se haga problemas por tantas cosas en lugar de prestar más atención al presente?
La lucha con la mente es día a día; lo que siempre me hace pregunta es cómo se puede vivir con la incertidumbre, es tan complicado dejar pasar el tiempo cuando uno está mal y no sentir que hay que hacer algo urgente ". Querido Augusto, muchas gracias por tu correo.
Coincido plenamente en lo que decís de la ansiedad y me alegra que hayas empezado un proceso terapéutico. Por otro lado, también coincido con la idea de la "lucha" de cada día con los estados de ánimo y, en particular, en esta ocasión, quisiera que nos quedemos con lo "complicado" de darle al tiempo su lugar, para poder pensar.
Sobre esto quisiera hacer foco en esta ocasión; me refiero a la capacidad para pensar, que cada vez cuesta más. Nos cuesta sentir y, luego, convertir las sensaciones en pensamiento (porque rápidamente queremos saber qué hacer).
Sentirse mal es difícil. Es un trabajo de aceptación personal.
Darse el tiempo para poder estar mal es un esfuerzo, de tolerancia, también de confianza, para salir adelante y no querer hacer cosas -como decís- por mera incertidumbre. En un tratamiento terapéutico, esto se comprueba en una respuesta habitual, después de alguna intervención que localiza un punto de angustia, cuando el paciente pregunta: "Bueno, pero...
¿qué hago?" Y queda de manifiesto que la búsqueda de la acción es reactiva, porque ya pensar podría ser el primer acto, aquel que resuelve lo más importante: vivir un tiempo con una idea a la espera de que decante, incorporarla. En esta línea es común que haya personas que vivan con mucho esfuerzo, que hacen un montón de cosas, pero con esfuerzo porque "salgan".
Y es interesante esa referencia al salir y a la "fuerza", porque es un modo expulsivo de vida, mientras que el pensamiento es primero "poder vivir con una idea", tenerla adentro, en uno. Algo semejante ocurre en aquellas situaciones en que algunas personas, por efecto del hablar, se sienten compelidas a hacer algo.
Por ejemplo, quien habla de las discusiones con su pareja, agrega "pero yo no me quiero separar" y esa conjunción adversativa es signo de una imposición y un modo dramático de corte. ¿Por qué no podría pensar en los conflictos con su pareja sin que se le venga encima la idea de separarse?
¿Por qué incluso no puede vivir durante un tiempo con la idea de separarse, sin "tener que" pensar que la tiene que llevar al acto? Tal vez esa idea no es más que la fantasía que le permite sostener su relación.
Pero para tener una fantasía es preciso pensar, aunque sea de manera inconsciente, si no se padece una fantasía peor, la de que el otro puede leer los pensamientos: ¿cómo voy a pensar en separarme y estar junto a mi pareja... sin que se de cuenta? También es una fantasía transferencial (en el vínculo terapéutico) cada vez más común, que lleva a un tipo de silencio muy particular en la relación con el analista: no decir palabra, no sea cosa que el analista pueda entrar en la cabeza y controlar los propios pensamientos.
En ese sentido, el espacio de análisis, como espacio de pensamiento, puede ser un espacio privilegiado para hacer silencio y cuidarlo. Esta obligación del pensamiento se comprueba también en una forma del conflicto psíquico, que no se resuelve a través de la represión, pero es cada vez más común hoy en día y que consiste en que ante algo que se quiere, dadas las dificultades que implica (ya que ningún deseo se realiza para ganar, sino para perder: en principio, lo que primero se verifica es la decepción entre lo ideal y la realidad), se lo transforma en imperativo: "Tengo que" estudiar, salir a correr, ver a quien amo, etc.
Este es un tipo de conflicto psíquico que, en el pensamiento obligado, separa al sujeto del deseo, cuyo resultado es ese modo de vida en que "se hace lo que hay que hacer". Los neuróticos sufren de pensar, incluso de los pensamientos que olvidaron.
Hoy en día ya no es habitual la neurosis. Creo que en esta respuesta, Augusto, hemos realizado un breve recorrido por la manera en que se vive la ansiedad y, en particular, en torno al modo en que cuesta pensar, en el sentido de frenarse y contener una idea, dejarla reposar, darle tiempo.
No es nada fácil salir del empuje al acto y estar con uno mismo. Esta última idea me parece especialmente importante, ya que estar con uno mismo, no salir hacia afuera, no volcarse en acciones, es un trabajo mental que va a contramano de lo que habitualmente se hace hoy, cuando priman las conductas compulsivas.
Estar con uno y en uno mismo es uno de los mayores desafíos en la vida contemporánea. Por eso mismo, querido Augusto, dejo estas últimas expresiones para transmitirte una reflexión que te acompañe en tu tratamiento, con la expectativa de que tengas confianza
Información de El Litoral (Santa Fe). Edición y redacción: Noticias Today.
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