El Supremo de Estados Unidos dictó este martes la sentencia más esperada del curso judicial, en la que sus miembros estaban llamados a terciar en uno de los pilares del sistema de un país forjado a golpe de inmigración: el derecho, reconocido en la Constitución, de convertirse automáticamente en ciudadanos de los nacidos en territorio estadounidense de padres indocumentados o que estén temporalmente en el país, bien porque son turistas o porque, por ejemplo, cuenten con un visado de trabajo. Seguir leyendo