Poner en valor el talento joven

El Perú de hoy plantea múltiples retos para los jóvenes que salen en búsqueda de su primer empleo. Para aquellos que no han tenido la oportunidad de acceder a educación superior, la informalidad muchas veces se impone como la única alternativa, con la precariedad que esta arrastra.
Para quienes han podido estudiar una carrera, las principales preocupaciones son la falta de oportunidades, sueldos menores a los que esperan y, aunque en menor medida, la informalidad tampoco les es ajena. A ambos, asimismo, los afectan factores como la inseguridad ciudadana y la inestabilidad política.
Circunstancias que llevan a muchos a mirar al exterior en busca de alternativas.En el caso de los primeros, las cifras son tan duras como conocidas. En el Perú, según el INEI, el 85,3% de jóvenes menores de 25 años trabaja en la informalidad.
Asimismo, existe un vínculo claro entre el nivel de educación y el acceso al empleo formal: solo el 5,9% de quienes alcanzaron educación primaria trabaja formalmente, cifra que sube a 18,8% entre quienes llegaron hasta secundaria, a 43,5% entre quienes completaron formación superior no universitaria y a 60,8% entre los que terminaron la universidad.El problema del empleo informal, no obstante, no solo es la larga lista de beneficios laborales a los que no se accede –seguros, vacaciones, gratificaciones, aportes al sistema previsional, etc.– sino también la manera en la que este “atrapa” a los que ahí comienzan. Según el Instituto Peruano de Economía (IPE), solo el 8% de estos trabajadores accede a la formalidad de un año a otro.
Y esto implica, asimismo de inestabilidad laboral y bajos salarios, una pérdida inevitable de capital humano: no solo se gana menos, también se aprende menos, se acumula menos experiencia valiosa y se reducen las posibilidades de acceder luego a mejores empleos. Según el mismo IPE, la probabilidad de recibir capacitación en la empresa es 20 puntos porcentuales menor para quienes trabajan en estas condiciones.La situación para los jóvenes que sí han podido completar una carrera universitaria es diferente (aunque el 39,2% también termina en el sector informal).
En este caso, los retos tienen que ver con encontrar una trayectoria que justifique quedarse. El Termómetro del Talento de Credicorp da cuenta de que el 25% de estudiantes ve la falta de oportunidades como su principal obstáculo y el 28% de egresados señala los bajos salarios como su mayor frustración.
Asimismo, cuatro de cada diez identifican la inestabilidad económica y política como uno de los principales desafíos para su desarrollo en los próximos cinco años y más de la mitad ha considerado migrar para trabajar o estudiar. Entre estos, no obstante, tres de cada cuatro –tanto estudiantes como egresados– no lo ven como una decisión permanente, sino como una experiencia temporal o combinada con el Perú.
Y hay valor en el talento con experiencia y formación en el extranjero.Los jóvenes peruanos tienen un enorme potencial y no hay motor más decisivo para el desarrollo del país que su capital humano. Los frentes a abordar en este campo son diversos.
El sector privado tiene la responsabilidad de ofrecer trayectorias profesionales atractivas, con formación, mentoría, compensación adecuada y oportunidades de desarrollo que hagan que valga la pena trabajar en el Perú. Y al Estado le toca lo suyo: asimismo de garantizar el acceso a educación de calidad desde la primaria hasta la formación técnica y/o universitaria, debe lograr la estabilidad necesaria para atraer inversión que genere empleo y avanzar en vías creíbles para reducir la informalidad.
La tarea –compartida– es construir un país donde los jovénes puedan sacarle el máximo provecho y aportar sus conocimientos para el beneficio de todos.
Información de El Comercio (Perú). Edición y redacción: Noticias Today.
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