A quien por primera vez le oí pronunciar las tres palabras del título de esta columna fue a Angela Davis, historiadora, filósofa, activista de los derechos civiles, teórica del Black Feminism y profesora emérita de la Universidad de California (Santa Cruz). 45 minutos de trepidación emocional consistieron en la conferencia que ella ofreció el 16 de septiembre de 2010 para la inauguración de los posgrados en Estudios de Género de la Escuela del mismo nombre en el auditorio León de Greiff de la Universidad Nacional de Colombia**.Para criticar la construcción en serie de presidios para masas de seres humanos, iniciada ya hace medio siglo, Davis se autodenominó abolicionista. Se valió del término que agrupó a quienes desde el siglo XVIII pugnaban por erradicar la esclavización.

Para ella, la privación de la libertad en un calabozo consiste en un deplorable sedimento de la esclavitud que también debe ser abolido***. Al complejo industrial de prisiones lo componen las empresas que especulan con el valor del suelo, las que acumulan ganancias vendiendo materiales de construcción, las de arquitectura e ingeniería civil que les dan vida a los planos estandarizados desde los Estados Unidos; las que fabrican rejas y herrajes, las que hacen uniformes, distribuyen comidas y elementos de aseo institucional y personal, las que transportan a las personas detenidas, asimismo de las que —a partir del racismo— se ocupan de extraer la “materia prima” entre personas negras e indígenas, campesinos desterrados, cultivadores de hoja de coca, distribuidores minoristas de droga, obreros desempleados, disidentes políticos y, hoy en día, más que todo en los Estados Unidos, inmigrantes clasificados como ilegales o a cuyo estatus de legalidad lo revoca el Homeland Security de manera arbitraria.

En nuestro país, a partir del Plan Colombia, ese complejo ha dependido de convenios que nuestros gobiernos han suscrito con el de los Estados Unidos, así como de la subcontratación con emprendedores privados, cuyo incumplimiento de los contratos firmados explica el estado lamentable de los balances contables de cada año, el hacinamiento, la carencia de higiene por la inadecuación inodoros, desagües y cañerías, el suministro de alimentos vencidos o descompuestos, la deficiente atención médica y falta de medicamentos y agua potable, entre otros ejercicios de la crueldad inseparable del encarcelamiento.En Estados Unidos, el actual boom del complejo ha dependido de la deportación de inmigrantes. El informe que acaba de publicar CorpWatch indica que entre los mayores beneficios económicos que desde el día de la posesión, 20 de enero de 2025, han recibido el presidente Trump y sus aliados figuran el de especuladores carcelarios de los grupos GEO y CoreCivic.

Administran enormes centros de detención como el muy criticado de Delaney (New Jersey) y los de Leavenworth, Kansas, y California City in California, los cuales serían inoperantes sin el apoyo de Palantir, el titán tecnológico cuya inteligencia artificial permite identificar y localizar con precisión quirúrgica a los inmigrantes, a quienes otra parte del complejo carcelario, CSI Aviation, con reiteración, los rota entre diversos estados para obstaculizar el trabajo de los abogados defensores y termina por deportarlos de los Estados Unidos a sus países de origen, si les va bien, o si les va mal a Ghana o República Independiente del Congo, pese a ser latinoamericanos. El gerente de esa aerolínea donó sumas significativas a la campaña de Trump, quien se considera el artífice del triunfo electoral de El Tigre y, por lo tanto, empoderado para quizás preguntarle cómo iría él en el negocio de la construcción de megacárceles bukelianas, según el programa de gobierno a implementarse desde el 8 de agosto de 2026.

Es probable que por esa presión GEO y CoreCivic entren al país, y como sucede con el Centro de Confinamiento del Terrorismo de El Salvador (CECOT), las prisiones que esas corporaciones construyan aquí también violen los derechos humanos de los detenidos, luego de haber sido perfilados y localizados por las inteligencias, los francotiradores y los drones de cuya eficacia dan fe los 20.179 niños y niñas dados de baja en Palestina desde octubre de 2023 y los 250 cronistas que cayeron mientras constataban el genocidio israelí en Gaza y Líbano. De ahí que Espriella exprese su aspiración de cortar lazos con la ONU, OEA y demás agencias multilaterales que vigilan el cumplimiento de los derechos humanos y que entable pleitos judiciales para acallar a los periodistas e investigadores sociales que lo critican.

Entonces, será difícil conocer los efectos que tendrá la integración de Colombia al Escudo de las Américas, inclinado hacia una extrema derecha también silenciadora de opositores.Las palabras mediante las cuales Angela Davis cerró su conferencia de 2010 ganan relevancia frente a esta aterradora coyuntura de incertidumbre: las prisiones crean un falso sentido de seguridad. “… generan la impresión de que la gente mala está luego de las rejas y que la gente buena es la que habita el ‘mundo libre’. [Por eso] necesitamos urgentemente alternativas al encarcelamiento, necesitamos desmantelar el complejo industrial penitenciario. Las personas cuyas condiciones económicas y sociales las llevan por trayectorias que guían a la prisión necesitan mejores oportunidades.

Y para lo anterior, necesitamos nuevas sociedades que no estén basadas en la noción capitalista de la ganancia, sino en el propósito de servir a las necesidades de todos los seres humanos: hombres, mujeres, personas trans, pobres, negros, otras personas de color, comunidades lgbtiq, discapacitados, ancianos, y también de nuestros compañeros no humanos, así como de nuestro ambiente, con todo lo que ello incluye. Hago un llamado para unir nuestras manos, nuestros corazones y nuestras voces en la lucha por un mundo mejor” (págs.: 97 y 98). *Jaime Arocha es doctor en antropología cultural, miembro fundador, Grupo de Estudios Afrocolombiano, Universidad Nacional.**Viveros Vigoya, Mara. 2019a.

Presentación: un diálogo con el Black Feminism desde nuestras propias preguntas. En Viveros Vigoya, Mara (Ed.) 2019.

Black Feminism: teoría crítica, violencias y racismo. Bogotá: Facultad de Ciencias Humanas, Universidad Nacional de Colombia, págs.: 9-34.***Segmento basado en Davis, Angela. 2029.

Racismo de estado y complejo industrial de las prisiones. En Viveros Vigoya, Mara (Ed.) 2019.

Black Feminism: teoría crítica, violencias y racismo. Bogotá: Facultad de Ciencias Humanas, Universidad Nacional de Colombia, págs.: 99-120.