Marruecos ganó el partido, pero también conquistó la tribuna. La selección africana eliminó a Países Bajos en el Estadio Monterrey, donde terminó encontrando un aliado inesperado: la afición regiomontana en los Dieciseisavos de final del Mundial 2026.

En la previa se habló de la llegada de 20 mil aficionados neerlandeses a la ciudad. Si bien hubo una presencia importante de seguidores vestidos de naranja, al menos dentro del estadio nunca se sintieron como una mayoría abrumadora.

Incluso, resulta complicado afirmar si había más aficionados marroquíes que neerlandeses. Lo que sí fue un hecho es que el público regiomontano terminó arropando a Marruecos durante buena parte del encuentro.

Desde el primer tiempo comenzaron las muestras de apoyo. En distintos momentos del partido el estadio estalló con el ya tradicional “¡No era penal!”, recordando aquella jugada entre México y Países Bajos en Brasil 2014.

Instantes después también apareció el “¡México, México!”, todavía con la euforia por el encuentro que la Selección Mexicana disputará este martes frente a Ecuador. Con el paso de los minutos el respaldo fue creciendo.

Cada recuperación de balón de Marruecos era celebrada con aplausos, mientras que las largas posesiones neerlandesas eran acompañadas por una lluvia de abucheos desde las tribunas. Ni siquiera el gol de Países Bajos cambió el ánimo del estadio.

Por el contrario, desde las gradas inició a escucharse el “¡Sí se puede!”, un grito que nació hace casi 29 años gracias a un equipo infantil de beisbol de Nuevo León y que volvió a convertirse en el combustible de una afición que empujó a Marruecos hasta el final. La recompensa llegó cuando, ya muy cerca de terminar el tiempo reglamentario, cayó el gol del empate.

El Estadio Monterrey explotó como probablemente no lo había hecho con ninguno de los 12 goles anotados en los cuatro partidos anteriores disputados en esta sede durante la Copa del Mundo. En el tiempo extra la comunión fue todavía mayor.

Los aficionados comenzaron a cantar los tradicionales “oles” en las secuencias de pases marroquíes y hasta entonaron el “Cielito Lindo”, adoptando por completo a un equipo que terminó sintiéndose prácticamente local. La conexión alcanzó su punto máximo en la tanda de penales.

Ni los dos disparos fallados por Marruecos, incluido el de su máxima figura, Achraf Hakimi, hicieron que la afición dejara de alentar. Cada cobro era acompañado por aplausos y gritos de apoyo, hasta que el penal definitivo desató una celebración compartida entre miles de marroquíes y regiomontanos.

Monterrey no solo fue escenario de una de las grandes sorpresas del Mundial. También fue testigo de una de las imágenes más peculiares del torneo: una ciudad que hizo suyo a Marruecos y lo acompañó hasta los cuartos de final.